17.3.11

Devoradores de historias: Historia del rey transparente

Es la historia de Leola, campesina de la Edad Media francesa que debido a los acontecimientos históricos que vive su país, se queda sola, sin familia y toma una decisión drástica que dará un nuevo curso a su vida: vestirse de caballero para sobrevivir.

A partir de aquí Leola comienza un viaje a lo desconocido. Conocerá a diversos personajes: una bruja, un caballero, una duquesa. Vivirá experiencias que nunca había imaginado antes: se enamorará, se batirá, será armada caballero ...Y por supuesto oirá hablar de la misteriosa historia del rey transparente, que siempre que alguien intenta relatarla muere instantáneamente después de pronunciar unas pocas frases...

Leola irá creciendo, viviendo, madurando, convirtiéndose en una persona atípica para su tiempo, aunque probablemente no la única. La historia de la humanidad está plagada de omisiones sobre la participación femenina en los grandes momentos de cambio.

No encontraremos una mujer masculinizada, capaz de las más increíbles proezas y habilidades. Tampoco una heroína perfecta, correcta, impoluta.
Solo una mujer forzada por las circunstancias a llevar a cabo un papel no apropiado para su época. Atrapada en su falsa condición descubrirá que tiene un lado femenino que alimentar y que no puede eludir.

En esta historia Rosa Montero nos recuerda que no importa que seas hombre o mujer, solo importan las personas; no importa que seas fuerte o frágil, solo importa que no te conformes con tus limitaciones y quieras superarte; no importa la causa por la que luches, solo necesitas estar convencid@ de hacer lo que tú crees que es correcto; no importan los convencionalismos sino el firme compromiso contigo mism@ y trabajar en aquello que crees, teniendo en mente aquello que pueda ser bueno para todos.

Es una historia universal, llena de humanidad, compañerismo, valentía -la verdadera valentía, la que se saca cuando tienes miedo, dudas o estás confus@- y generosidad de corazón, donde lo que importa es ganar  junto a otros, construyendo, aunque a veces las circunstancias nos obliguen a competir y dividirnos.

Leola es una heroína antiheroína, de esas que se pueden encontrar en cualquier persona corriente de cualquier tiempo.

10.3.11

Devorador@s de historias: Cell

¿Qué pasaría si ves que cada una de las personas que te rodean, al contestar el móvil empieza a tener un comportamiento extraño y extremadamente violento?

¿Qué pasaría si al cabo de unos días toda la ciudad se viera sumida en el caos y comprobaras que todas las personas que han contestado una llamada desde sus móviles se han transformado en zombies?

¿Qué pasaría por tu cabeza si tuvieras que emprender una huida hacia un lugar más seguro, libre de zombies y de la emisión que produce su transformación, compartiendo tu nueva vida con desconocidos en la lucha por la supervivencia?

Este es el argumento de Cell, obra de Stephen King del año 2006. Como siempre King haciendo gala de su humor negro, a parte de su gusto por el terror, ofrece un relato estremecedor sobre la degradación de la humanidad a merced de la tecnología. 

La historia en sí no indaga ni explica los motivos de esa transformación; describe los efectos que produciría para nuestra civilizada vida en las grandes ciudades un cambio semejante, recordándonos lo vulnerables y frágiles que somos precisamente porque nos hemos hecho dependientes de la tecnología que nos hace poderosos pero solo aparentemente. 
En  condiciones como las descritas en el libro somos aún más vulnerables sde lo que pudieron serlo los seres humanos primitivos enfrentados a un entorno  casi siempre hostil porque hemos dejado de escuchar a nuestros instintos y hemos hecho oidos sordos a la esencia natural o animal, si cabe, de nosotros mismos.
Es posible que descrita la trama volvamos a pensar en Walking Dead y no vamos muy desencaminados.

Es una novela impactante, cargada de tensión y "malos" momentos que una vez más podrás disfrutar desde la comodidad que da ser testigo de los acontecimientos de ficción que les pasan a otros. 
En esta historia, Stephen King se muestra conciso, objetivo y original lo que se agradece ya que a veces es un poco dado a escribir "al peso", quizás porque considera que aportar toda la información posible enriquece la historia pero hace que a veces se pierda el hilo; y a perfilar a sus protagonistas  humanos como escritores o escritores en pleno proceso de bloqueo. Está claro que mejor se escribe de lo que mejor se conoce pero a veces es bueno arriesgar.

En general de Stephen King poco se puede añadir: es un escritor prolífico,  -con algún puntual desacierto como es el caso de Los Tommyknockers- pero con una gran capacidad creativa y habilidad de sobra para ahondar en las diferentes formas de terror imaginables para todos los gustos.

[Si no quieres saberlo todo del argumento de la novela mejor no abras la imagen]

8.3.11

Deportes indoor


Pasados unos meses después del adiestramiento serbio-moscovita-espartano que supuso reformar el piso en lo tocante a disciplina mental y física, seguimos con las guerrillas dentro de casa.

Cada vez que tenemos un viernes despejado de obligaciones prioritarias -¡dónde se han quedado los viernes para relajarse...!- allá que nos vamos a recoger unas cuantas cajas en el guardamuebles familiar gratuito y nos las llevamos al piso.

Eso supone hacer la gimnasia correspondiente al transportarlas y colocarlas dos veces: una en el coche y otra en casa -¡por fin!-, seguida de los ejercicios de flexión de tronco para abrirlas y colocar su contenido en donde mejor puedan ir.

Aquí empieza la gimnasia mental y consiste en hacer puzzles para que puedas combinar la intención de dejarlo lo mejor colocado en su sitio pero con la rapidez suficiente para que no empiecen a acumularse cajas sin abrir -o lo que es peor, abiertas todas pero sin vaciar- por toda la casa, sumándose a las que llegarán.

De este modo hemos disfrutado de este fin de semana pasado, en el que creo que hemos trabajado más que en toda la semana. No contentos con semejante tarea abre-coloca el domingo nos fuimos a comprar un mueble que ya era imprescindible poner para que el flujo de trabajo no se viera interrumpido antes del lunes y no solo lo compramos y lo cargamos si no que también hubo que montarlo.

Una preocupación me ronda últimamente: ¿qué vamos a hacer en nuestro tiempo libre cuando se nos acaben los "extras"? ¿Empezaremos a aburrirnos teniendo que decidir si ir al cine, salir a disfrutar de la naturaleza  o quedar con otros seres humanos?

La cuestión es que hemos terminado el domingo más exhaustos de lo que finalizó el viernes y creo que con la secreta convicción, ambos dos, de que por una vez ir a trabajar el lunes fuera de casa ya no parecía tan malo sino incluso deseable.


4.3.11

Coincidencias

Dos acontecimientos independientes pueden convertirse en una pequeña historia.

La semana pasada, no sé por qué motivo, me pasé de estación en el Metro.
Quizás fue porque me distraje cuando un chico entró en el vagón haciendo un curioso rap con gran parte de los viajeros que íbamos dentro, describiendo lo que llevábamos o lo que hacíamos para componer sus versos.

Quizás fue porque me pareció llamativa la aceptación de todos los viajeros y la sonrisa reflejada en sus rostros en uno de esos momentos en los que tantos individuos aislados y confinados en un espacio que resultaba pequeño por la aglomeración podíamos de repente quedar todos conectados y reconocernos como grupo que puede llegar a estar unido.

Cuando me di cuenta me bajé en la siguiente estación y cogí la línea en dirección contraria para poder hacer el trasbordo del modo más rápido que me llevara a la siguiente línea.

En un momento en que sin saberlo aún iba a ignorar la primera estación en la que debía bajarme me fijé en que una de las pasajeras llevaba una boina de lana en color azul turquesa oscuro, con un diseño nada visto. Ella estaba de espaldas a las puertas de salida del convoy por lo que no pudo darse cuenta de que otra señora iba caminando por el andén con exactamente el mismo accesorio que ella. Idéntico.

Tuve que cerciorarme la primera vez de que no eran la misma persona. Observé a las dos pensando en que quizás se verían, al menos la del vagón, que se giraba un poco y podía ver a la otra en el andén pero no fue así.

Ese día pasó para ellas sin saber que otra persona llevaba una prenda igual que la suya. Esto en sí es una tontería pero me hizo pensar en qué cosas pasan durante el día que podrían interesarnos y de las que no tenemos ni idea. Me refiero a las cosas que nos interesarían al margen de nuestra atención. No a las cosas que pensamos que nos interesan sino a las que no sabemos incluso ni que existen pero que de saberlo nos gustaría ser conscientes.

La siguiente reflexión que me vino a la cabeza es que por un momento yo era el nexo de unión entre esas dos personas -por un detalle sin importancia- sobre un aspecto que tampoco era relevante para mi, y que me proporcionó una sensación extraña, como de intromisión.

Como dije más arriba, corregí mi rumbo dentro del Metro y me fui a casa.

La sorpresa vino ayer, cuando ya sin haberme equivocado, hice el trasbordo a la segunda línea que habitualmente debo coger y por el rabillo del ojo algo llamó mi atención.
Era la boina turquesa, que iba sobre la cabeza de la persona que probablemente caminaba por el andén de la estación en la que yo debí haberme bajado días pasados y que ignoré por completo.
Me fijé en su rostro y debía de ser ella porque no se parecía en nada a la mujer del vagón -en la del andén no me dio tiempo a fijarme en su cara- y a falta de más información la que había encajaba. (Podía haber una tercera boina transitando por la misma línea ¡y entonces mejor será que me fije bien si hay algún puesto ambulante vendiendo en los pasillos y os dejo tranquil@s con mis filosofadas!)

La sensación en estas circunstancias fue como en una película, cuando un elemento aparentemente superficial para la historia se vuelve protagonista porque es un elemento conductor de historias/personajes/acontecimientos que no están unidos entre sí; como yo, hacía unos pocos días atrás.

Me hizo recordar la película  La Lista  de Schindler, rodada en blanco y negro a excepción del gorro rojo de una niña judía.


Momentos metafísicos que tiene una.

3.3.11

Devorador@s de historias: Presa

Imagina que eres un informático especializado en inteligencia artificial, que has sido despedido recientemente de tu empresa porque has descubierto una estafa en los cargos superiores.

Tu mujer es vicepresidenta en una empresa de nanorobótica que desarrolla un sistema de diagnóstico médico con nanotecnología.

Por una serie de fallos en la programación son requeridos tu servicios informáticos ya que tu antigua empresa está trabajando en colaboración con la de tu mujer y te ves impulsado a aceptar el puesto ya que tu mujer ha sufrido un extraño accidente y sospechas que tiene alguna relación. 

Una vez allí descubres que la empresa de tu mujer colabora en un proyecto con el Departamento de Defensa cuyo fin es crear un enjambre de nanorobots semi-inteligentes para labores de espionaje y reconocimiento.

Si todo esto que he dicho se cumple entonces eres el protagonista de esta obra de techno-thriller cuyo autor, Michael Crichton, es el precursor.

Si te gusta sumergirte en una historia con la mínima información previa NO pinches en el enlace y si ya lo has hecho, no leas el contenido de la página de destino.
Hablar de Michael Crichton es hacerlo de éxito. Gran parte de sus novelas han sido trasladadas al cine o a la televisión y bastaría recordar títulos como Congo, Acoso, Twister, Parque Jurásico...

Me repito una y otra vez recomendando leer siempre el libro aunque se haya visto la película y en el caso concreto de Parque Jurásico hago especial hincapié. 
La historia llevada a la gran pantalla, cuando lees los dos libros existentes, está adaptada para ser apta para todos los públicos, algo bastante edulcorada y se podría decir que excesivamente correcta a pesar de la situación terrorífica que se plantea y la magnitud de las consecuencias. Pero este devorador@s de historias no está dedicado hoy a Parque Jurásico así que volvemos al que nos ocupa.

Presa es una novela que a pesar de ser ficción demuestra estar, como siempre cuando se trata de Crichton, bien documentada y contada de forma que no es necesario ser físico, matemático ni ingeniero aeronáutico para entender perfectamente lo que sucede, haciendo la lectura ágil y fluida.  Esto le proporciona una gran verosimilitud a la historia y por lo tanto nos permite adentrarnos en ella como si nos estuviera sucediendo a nosotr@s. mismos.
En mi opinión hay una "escena" que me pareció especialmente siniestra y muy visual. Solo diré: una colina, de noche, un enjambre, el protagonista...

El tema está en la línea de Un viaje alucinante, aunque son historias totalmente dispares en su desarrollo y conclusión.


Y en la de los avances que Michio Kaku adelanta, entre los que se incluye la nanotecnología médica, aunque en el enlace al que os dirige la imagen no aparezca explícitamente indicado.

Coherentemente con las historias que recomiendo los jueves, que para eso he abierto esta sección aunque cada uno es libre de hacerme caso o de ignorarme, os aconsejo que la leáis porque se pasa un buen rato de tensión agradablemente sentado en tu sofá, debajo de una olorosa higuera, o entre mullidas almohadas antes de dormir, mientras los protagonistas se enfrentan a los efectos de una tecnología muy avanzada fuera de control y sometida a intereses poco filantrópicos.

28.2.11

Sin insultar a la camarera, por favor

Es bien sabido que comúnmente las parejas bien avenidas tienen un lenguaje propio, como una especie de código secreto que surge espontáneamente de la complicidad y la afinidad de ambos. A veces esto se traduce en expresiones concretas, inventadas o no, o incluso en tonos de voz distintos dependiendo de lo que se hable.

Leyendo hasta aquí se puede pensar que hago referencia a las palabras, expresiones y tonos que uno emplea con su pareja. Ejemplos de esto pueden ir desde los convencionales: "cariño", "gordita", "cielo" hasta cualquier otro término.

Pues no, me refiero a cuando uno hace referencia a otros objetos, otras personas o animales. Me explico. Por ejemplo en casa tenemos la costumbre de ir renombrando a nuestros gatos según el estado de ánimo que presenten, la actitud o el comportamiento.
No es nada raro oírnos decir de nuestro gato "El Señorito-hayworth" cuando se acerca a saludarnos estirando una pata cuya garra abre desplegando sus cinco dedos sobre una de nuestras rodillas, de tal forma que, al ser más bajito que nosotros -menos mal- debe elevar bastante la misma y al comenzar el gesto parece la susodicha a punto de quitarse uno de sus famosos guantes.

Hay que imaginarse al Señorito estirando un brazo en toda su longitud pero sin guantes, sin vestido ni tacones, y con más pelo en el cuerpo...ah y caminando a cuatro patas, claro.

Tampoco es extraño oirnos decir que ya viene "El Señorito Forense" debido a la costumbre que tiene de acercarse a olernos la nariz cuando nos tumbamos en el suelo para hacer un estiramiento o para enderezar la espalda. En ese caso decimos que viene "a ver si hereda" porque parece que comprueba si todavía respiramos.

Supongo que esto lo hace todo el mundo que vive con animales de compañía porque les quiere y porque sí -¿o estamos nosotros chiflados?-, porque como ellos no hablan pero a veces ponen esas "caras" tan expresivas entonces nosotros hablamos por ellos. (Aquí se excluyen cocodrilos, pitones, buitres...Hablamos de gatos, perros, etc.)

Lo mismo pasa con la gata y entre el abanico de apelativos que podemos utilizar con ella hay uno creado por Pelotillo: Putonian girl.
Este pseudónimo aunque suene un poco fuerte para nuestra femenina, casta y delicada gata se suele emplear cuando ésta saca su picaresca y nos utiliza para sus fines, bien sea echarse sobre nosotros para que le rasquemos la barriga, o empezar a hacer saltos de caballito frotando los costados contra los marcos de las puertas y lo que pille, en su intento de atraer nuestra atención al cuenco de su comida o al del Señorito -ella es así de considerada-.

Toda esta explicación tan larga era necesaria para poner en situación sobre lo que sucedió hace unos días.

Pelotillo y yo estábamos comiendo en un restaurante, bastante abarrotado de gente y con bastante ruido. L@s camarer@s iban y venían.
Con el postre Pelotillo empezó a meterse conmigo porque mi ración era más grande que la suya y decía que por supuesto debía cedérsela -generalmente medio discutimos para que se lleve la ración más grande el otro, por eso lo del postre era un pique- a lo que yo me negué alegando que ya le daba la ración más grande de todos los otros platos durante la semana y que por lo tanto me tocaba a mí.

Picado en su orgullo por no haber recibido la respuesta esperada: "Bueeeno, vengaaa...tooooomaaaa" que por supuesto no iba a aceptar en realidad, me amenazó diciendo que iba a empezar a dejar de llamar a nuestra gata Putonian girl para...y no terminó la frase.

Todo esta conversación la teníamos mientras nos terminaba de servir la camarera el postre con tan mala suerte que la chica ya se alejaba y Pelotillo dijo la famosa expresión varias veces. No hablábamos muy alto pero con el ruido de fondo nos teníamos que hacer oir.

Así que la camarera, cuando ya parecía que estaba considerablemente lejos, se dio la vuelta y nos preguntó: "¿Me decíais algo?" a lo que contestamos efusivamente: "no! no! no!" "Hablábamos entre nosotros!". Menudo corte!

Luego nos reímos claro, porque con un término inventado, que sin saber de qué va suena como suena de mal, ya es mala coincidencia que alguien se dé por aludido aunque sea de refilón.

25.2.11

La iglesia está en el mercado

Ayer por la mañana me encontré esto:


Es toda una sorpresa saber que ahora ya puedes hacer un máster en estos temas. Yo pensaba que la carrera secular iba por otros cauces pero se han "democratizado" y ahora también hay oferta privada de formación al alcance de cualquiera (hablo de la oferta no del precio del master ni de que éste esté de oferta).
Quizás lo próximo sea cotizar en bolsa.

Pero....


...Ah, no, mi gozo en un pozo. A lo mejor solo era una prospección de mercado.