17.7.12

El Cuarto de Baño {La Publicación} ~ Parte 2

TROZO 5. H@n

Y es mi voz, y es mi cara, hasta creo que lleva mi ropa. O no... recuerdo esa chaqueta. Cuero negro, con ese detalle en las mangas. Si, si, la recuerdo ¿por qué no la compré? ¡Ya está! Es la chaqueta que vi en la Calle Mayor, cuando iba a pagar, decidí que mejor gastaría el dinero en el musical. Claro que en el musical conocí a Alberto. Si no hubiera cambiado de pensar en el último momento no habría pasado el fin de semana con él, y por tanto no habría conocido al que resultó ser el Jefe de Recursos Humanos de la empresa con la que estábamos negociando. Curiosa casualidad. 


Miro más allá, son todo mujeres. Son todo yos. Menos mal que pude hacer pis en la habitación donde me tenían, si no ¡me lo hubiera hecho ahí mismo! 
Voy fijándome y veo pequeños detalles diferentes en todas ellas, aunque al principio parecían iguales. La mayoría lleva el pelo como yo, pero consigo distinguir a una con rastas, larguísimas, como si se las hubiera hecho hace años. Vaya, hace 5 años yo también lo estuve pensando. 


Eran versiones de mí. Cada vez lo tenía más claro, pero... ¿qué hacían ahí? ¿por qué había miles de versiones mías en aquella sala? ¿por qué todas esas pequeñas diferencias? Un momento, nos estamos desviando de lo importante... ¿por qué narices unos tipos japoneses que paraban el tiempo me habían llevado hasta allí? ¡Que congelan el tiempo! ¿Es que no tenían nada mejor que hacer?
A la que interrumpí mis pensamientos, me di cuenta de que yo-con-chaqueta-de-cuero, seguía hablándome, presentándome a otras yos. Estaba la yo que sí se cortó el pelo a lo chico. La yo embarazada, que supongo, no se tomó la pastilla del día después tras el incidente con Sergio. Era como si todas las decisiones que había tomado en mi vida, se hubieran desdoblado creando otra vida paralela, y allí estábamos, todas juntas. Quise preguntarles si todas se estaban meando cuando acabaron allí, pero me pareció algo estúpido. Así que esperé hasta que por fin me llevaron a la tarima donde los trajeados japoneses que paraban el tiempo y no tenían nada que hacer esperaban sentados, espero que para darme alguna explicación, porque aquello empezaba a mosquearme. 


{Continuará...}

16.7.12

El Cuarto de Baño {La Publicación} ~ Parte 1


TROZO 1. Mae Wom

Estoy sentada a la mesita de un pequeño Starbucks del centro de la ciudad. La gran cristalera deja que la luz gris de una tarde que ha sido lluviosa me acaricie con sus dedos. Pone un velo de luz sobre el libro que leo mientras tomo pausadamente un café descafeinado para apaciguar la espera. 

café descafeinado
Miro mi reloj de pulsera. Las manecillas plateadas del reloj siguen deslizándose por el rectángulo negro, indiferentes a los acontecimientos que debieron suceder hace ya diez minutos. Mi cita llega tarde y a mí me queda ya poco café en la taza. Mi cuerpo reclama sus rutinas vitales. Intento ganar algo del tiempo que ya está perdido, me levanto, dejo el libro sobre la mesa y me dirijo al cuarto de baño, así luego no habrá interrupciones. 

Abro la puerta encabezada por el cartel con los monigotes masculino y femenino y accedo a un cuarto minúsculo dotado de un lavabo, un espejo sin marco, un dispensador de jabón, una papelera y un secador de aire caliente. Es tan pequeño que para poder entrar y abrir la otra puerta que está enfrente debo primero cerrar la que queda detrás de mí. 

La puerta que debe conducirme al aseo está cerrada. Doy unos golpecitos con los nudillos para comprobar que no hay nadie antes de abrir. No me gustaría encontrarme con algo que no quiero ver. Silencio. Lentamente acciono el picaporte y abro despacio la puerta. Los azulejos blancos de perfecto corte cuadrado y simétrica disposición reflejan una luz intensa que parece aumentar a medida que abro la puerta. Espero encontrarme el retrete blanco habitual pero, como si el habitáculo fuera estirándose mágicamente, no aparece y solo veo más azulejos blancos que se expanden hacia la derecha. 

Bastante extrañada por la situación sigo abriendo la puerta en un momento que se me antoja infinito y cuál es mi sorpresa cuando asomándome por ella, a mi derecha, un amplio pasillo más largo que ancho se extiende ante mis ojos. Saco tímidamente la cabeza y veo al fondo una cocina de restaurante. Creía que una cafetería pequeña  tendría una cocina acorde con su tamaño pero estaba equivocada.
Yo buscaba un cuarto de baño pero siento curiosidad y me acerco sigilosamente. Total, seguro que ya me han visto.
Avanzo pero nadie repara en mí. Lo primero que me encuentro es a un cocinero de rasgos orientales que hace volar las verduras en juliana a golpes certeros de cuchillo. Por la destreza y economía de movimientos cualquiera podría decir que es un domador de vegetales. Temo interrumpirle no vaya a ser que se distraiga y acabe cortándose un dedo sobre la superficie de acero inoxidable así que continúo con mi expedición. 
Al fondo a la izquierda un hombre de corta estatura y espeso pelo negro se afana en fregar unas copas a mano que deposita con cuidado en una plataforma en forma de rejilla para que se escurran. Sus movimientos enérgicos, esponja en mano, contrastan con la delicadeza con que apoya las copas cuando las ha enjuagado. 
A su izquierda, a varios metros del señor bajito, un hombre corpulento, más gordo y alto que fornido, se concentra en los fogones, controlando el contenido de las diferentes ollas y cacerolas que tiene sobre ellos. De vez en cuando se vuelve a sus otros compañeros para gritar una petición o una orden a nadie en particular. "¡¡Necesito albahaca!!" o "¿¿Cómo van esas verduras??"" mientras agita una cuchara de madera que en su mano regordeta parece una batuta. 

Están todos muy ocupados y yo sigo necesitando encontrar un cuarto de baño, así que me escabullo. A la derecha de la cocina, al final de un espacio vacío que hace de recibidor, veo una puerta en una zona de sombras, casi camuflada con la pared. Cuando mi mano toca el picaporte la puerta se abre de golpe atizándome en la cara y tirándome al suelo donde caigo de espaldas. Un dolor intenso me sube desde la pierna por la espalda y a la vez puedo predecir que voy a lucir un bonito moratón desde la parte frontal de la mandíbula, que unirá barbilla, comisura y nariz. No sé por cuál de los dos dolores llorar, así que me aguanto las lágrimas, expectante ante lo que está a punto de suceder a través de la puerta maltratadora. Despatarrada en el suelo como estoy, estiro el cuello y veo a cinco hombres asiáticos, vestidos con traje de chaqueta negro y gafas negras, que han irrumpido en la cocina dando saltos acrobáticos, profiriendo gritos en un idioma que no entiendo y armados con pistolas y metralletas. Al cocinero de las verduras se le ha quedado la juliana congelada en el aire, la batuta del cocinero de los fogones parece una varita mágica suspendida unos segundos y un racimo de pompas de jabón flotan desde el fregadero y se mueven aleatoriamente, como si todo aquello no fuera con ellas. 

Mientras se produce semejante alboroto, el chino que se ha quedado custodiando la puerta responsable de mis chichones repara en mí y me hace un gesto con la ametralladora. Tiemblo bajo su mirada oblicua e inexcrutable y la metralleta, así vista de cerca y con la posibilidad de que pueda estar centrada en mi persona, me parece mucho más grande que el hombre que la maneja. Si me apuntara con un elefante en ese momento no notaría la diferencia de tamaño. 

El sicario insiste e intuyo -será el instinto de supervivencia- que lo que quiere es que me levante. Rápidamente aparece otro individuo de la nada y entre los dos me llevan en volandas. Oigo pasos precipitados y por el rabillo del ojo, mientras vuelo hacia la luz del exterior, veo que los hombres de negro se dirigen en estampida con nosotros para atravesar la puerta golpeadora. Una luz inmensa me ciega y me obliga a cerrar los ojos. 

TROZO 2. JuanRa Diablo

Tanto los hombres que me sujetan como los que nos siguen, parecen entrenados concienzudamente para no perder ni un segundo de tiempo. Atravesamos a toda velocidad una estancia muy luminosa y apenas he recibido en la cara unos instantes del fresco aire del exterior cuando ya me han introducido en la parte trasera de un coche y éste se pone en marcha de inmediato.



Me duele la mandíbula y estoy tan confusa que no consigo poner en orden el tropel de pensamientos que me asalta.

- ¡Están en un error! - logro decir por fin.

Pero el copiloto se vuelve como un resorte para gritarme en su lengua con agresividad. Empiezo a estar muy asustada pero opto por callarme y observar todo lo que me rodea, por si me sirviera más adelante para mi denuncia.
Miro por el rabillo del ojo. A derecha e izquierda me escoltan dos hombres perfectamente trajeados que miran al frente a través de sus gafas oscuras. Me recuesto un poco en el asiento para observar con disimulo sus rostros. Efectivamente son todos asiáticos y diría que parecen clones unos de otros.

El sonido de fondo que me pareció el de la radio del coche me trae frases que sí comprendo.
"¡Otra de verduras asadas!" "¡No me dejéis sin albahaca!" "¿Quién está atendiendo la mesa 5?"
Busco intrigada el origen de esas voces y descubro que en el salpicadero del coche hay tres pequeñas pantallas con imágenes de un color gris azulado. En una de ellas aparece el movimiento de los cocineros y camareros de la cocina por la que acabo de pasar, en otra creo ver un lavabo, quizás el del cuarto de baño al que jamás debí dirigirme. En la última reconozco el restaurante.
Por qué controlan desde el coche ese lugar es algo que no alcanzo a comprender. Mis raptores no parecen hacer caso alguno a lo que muestran esas pantallas. Solo la que capta el restaurante parece estar en movimiento, mostrando lentamente todo el perímetro del local.
Sigo hipnotizada ante esas imágenes  cuando el coche enfila la salida a la autovía y el conductor comenta algo con el malhumorado que da las órdenes.
La cámara del restaurante muestra por fin el lugar en el que yo me encontraba sentada. Alcanzo a ver el libro sobre la mesa.
De repente algo me hiela la sangre. Una chica se acerca a esa mesa y se sienta. Coge el libro y lo abre entre sus manos. No soy yo, obviamente, pero me parezco muchísimo. Hasta la ropa parece la misma desde mi distancia y esto me llena de incertidumbre.

- Pero... ¿quién..., qué está ocurriendo aquí?
- ¡No haga preguntas, señorita! - me dice el copiloto, sin chillarme y por fin en mi idioma.

TROZO 3. Pelotillo

-Quiero una explicación ahora mismo. ¿Quién es esa chica que se parece tanto a mí? Obviamente no soy yo, porque yo me encuentro aquí y no puedo…-un golpe sordo me hizo dormir durante un buen rato poniendo fin a mi incontenible verborrea producida por el pánico.


Cuando desperté, el coche avanzaba a velocidad moderada, respetando los límites de la autovía. Nada hacía sospechar que dentro se estaba cometiendo, al menos, un secuestro. El conductor apagó las pantallas del salpicadero y apretó un botón que provocó que éstas girasen sobre sí mismas, ocultándose y dejando el salpicadero limpio de tecnología puntera, como el de cualquier coche normal. Me debí  desmayar varias veces porque recuerdo imágenes sueltas, incoherentes.

Un par de horas después, o eso creo, abro los ojos en una habitación sin ventanas, tumbada en una cama bastante vieja cuyo somier chirría al menor movimiento. Consigo incorporarme después de sentir cómo mi cabeza explota ocho o nueve veces seguidas en intervalos de un segundo. 
Está oscuro, por debajo de la puerta entra un rayito de luz y mis ojos se acostumbran en seguida a la penumbra. Consigo ver un lavabo. Abro el grifo pero no sale agua. Al lado hay un inodoro sin tapa, en seguida vienen a mi cabeza imágenes de películas de cárceles en las que los presos tienen que hacer sus necesidades unos delante de los otros. ¡Qué vergüenza!, pienso durante un momento, y en seguida continúo con la exploración de mi celda. 



Una puerta con una mirilla que se abre desde fuera. Por un momento pienso que si lo intento la puerta se abrirá y de hecho llevo mi mano hacia el tirador pero lo único que cojo es el aire. No hay pomo en mi lado de la puerta. Paso la mano por la pared y está áspera, áspera y húmeda. O estamos cerca de una gran cantidad de agua o el lugar está tan viejo y ruinoso que las tuberías han cedido al paso de los años y ya no conducen el agua por dónde deben. Intento recordar más películas de presos y secuestros. ¿Qué hacían los protagonistas para escapar? Y lo que es más importante ¿qué hacían para que la puerta se abriese y dos minutos después estuviesen muertos? Tenía que evitar esto último como fuese. Piensa, piensa, me repito. Me siento en la cama a esperar y entonces toco lo que parece ropa perfectamente doblada. En la camiseta hay un logotipo que no alcanzo a ver bien. Tiene unas letras, una A, una B y una… El chirrido de la puerta al abrirse de par en par y la luz que me golpea me sacan de mi ensimismamiento. …Y una C.

-¡Vístase y síganos! –dice uno de los tres tipos que han entrado
-¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hago aquí?
-Nada de preguntas… por ahora. Vístase, ¡rápido! Ya llevamos una hora de retraso.
-¿Retraso para qué? –una sombra oscurece de golpe la habitación. Llega un cuarto individuo, viste como yo, lleva un peinado como el mío, tiene la nariz en punta como la mía…
- ¡¿Qué?! –exclamo antes de quedarme sin palabras.

TROZO 4. Doctora Anchoa

Aprovechando el momento de silencio que sigue a mi pregunta, y antes de que me dé tiempo de volver a hablar, el tipo que ha hablado me agarra del brazo con firmeza y me obliga a ponerme de pie.

-Vís-ta-se- repite, en voz baja y agresiva, mientras clava sus ojos en los míos.


No me atrevo a llevarle la contraria, me escabullo hacia el rincón opuesto de la habitación, confiando en poder cambiarme con la menor cantidad de público posible. Todos ellos tienen la delicadeza de girarse un poco mientras rápidamente me cambio de ropa. Aprovecho para observar sin disimulo al individuo que parece llevar la voz cantante. Con parsimonia, ha sacado una tableta digital y empieza a trastear con ella. Miro la pantalla, y para mi sorpresa aparece lo que a priori parece una fotografía mía. Pero cuando la miro por segunda vez me doy cuenta de que esa no soy yo. Yo nunca he llevado el pelo de ese color, y la ropa con la que aparezco nunca ha sido mía. Un escalofrío recorre mi espalda cuando el hombre que maneja la tableta me descubre observando la fotografía y, sin mediar palabra, la gira y me mira fijamente. Opto por apartar la mirada, y empiezo a escanear más que a mirar a mi doble. ¿De dónde ha salido? ¿cómo es posible?. Mi captor no me da opción a plantearme nada más; de un par de zancadas se planta delante de mí.

-Andando- dice, mientras me señala la puerta.

Salgo a un pasillo oscuro, que parece sacado directamente de una película de bajo presupuesto de asesinos psicópatas. Una luz parpadea al final del pasillo, llego a distinguir una puerta metálica a unos diez metros, pero no mucho más. Durante un momento anhelo la húmeda habitación que acabo de abandonar. Me giro inquieta, y pregunto a nadie en particular, aunque sé que va a resultar inútil:

-Oigan, ¿dónde estamos? ¿por qué me han traído aquí?. Han cometido ustedes un error…- la frase muere en mi garganta, mientras una vocecilla, muy en el fondo de mi mente, empieza a susurrarme que no es casualidad, que no ha sido ningún error por parte de mis captores.

Por supuesto, recibo el silencio como respuesta, lo que ya me esperaba, y noto una leve presión en mi espalda cuando me empujan ligeramente en dirección a la puerta metálica en la que me había fijado antes. Conforme nos acercamos a ella empiezo a oír un murmullo apagado detrás, parece que hay varias personas hablando al otro lado. Paro en seco a menos de medio metro de la puerta, y uno de mis guardianes se adelanta, introduce una llave en la cerradura, y abre la puerta. Noto otro ligero empujón, y cruzo la puerta.
Necesito parpadear unas cuantas veces, porque la oscuridad del pasillo contrasta con la deslumbrante claridad de la habitación en la que acabo de entrar. Oigo susurros, y al girarme veo a dos o tres personas que hablan de espaldas a mí. No puedo distinguir sus caras, pero no puedo dejar de notar que de espaldas son todos idénticos entre sí. “Y seguramente a mí”, murmuro.

-¡¡¡Buenos días, la estábamos esperando!!!- exclama una entusiasta y juvenil voz a mi izquierda.

{Continuará}

"Resucitando" al Cadáver

¡¡Sí!! ¡¡Por fin!! Hoy empieza la publicación del relato con el que, sufridos y ya licenciados forenses, habéis contribuido a realizar la autopsia literaria a esa desconocida que un día se perdió en el baño de un Starbucks. A partir de hoy veréis un nueva entrega cada día, de lunes a viernes.

Muchas vueltas ha dado nuestra protagonista, atemorizada unas veces, curiosa otras, pero siempre valiente para llegar hasta el final y resolver el misterio.
¡¡Algunas veces incluso cambió de sexo!! Pero esta dificultad añadida a su ya complicada situación fue rápidamente solventada a petición del forense en funciones en ese momento. Ésta y algunas correcciones leves ortotipográficas: algún espacio demás, algún acento perdido, algún signo de exclamación o interrogación ausente...De esto yo me declaro culpable en ambos sentidos, por corregirlo y porque es un hábito que yo tengo muy arraigado. Como este es un relato importante hecho con cariño por todas las personas que habéis participado he corregido aquello mismo que yo incumplo a diario (abrir exclamación o interrogación, solo las cierro) pero lo he hecho con cariño también y siempre en aras de que el resultado se viera bien recompuesto. Un "cadáver" guapetón, recién peinado y atusado. 

El resto de giros, expresiones, sintaxis, y digamos, contenido con sustancia, lo hemos respetado porque consideramos que el espíritu de este juego era divertirse escribiendo no ganar un premio de literatura y porque nos gusta así, tal cual, salido de las mentes de cada creador y creadora. 

Ya casi para terminar me queda decir que me ha llamado la atención la coherencia de fondo a pesar de la incoherencia (normal) del relato, cómo algunas cosas han aparecido después por sí solas haciéndome dudar de si realmente habíamos mostrado más de lo que hicimos con la publicación de la primera parte. 
He disfrutado un montón leyendo, me he reído, angustiado y asombrado a partes iguales y como dije en su día, estoy supercontenta de vuestra participación, entusiasmo y ganas y muy agradecida de que os hayáis apuntado a esta locura repentina que nos dio a los tres y de lo pacientes que habéis sido esperando a ver publicado el relato.

La prueba de que este "cadáver" estaba siendo bien resucitado es lo vivo que ha estado este juego, donde una participante sugirió que si queríamos añadir fotos ella aportaba aquélla en la que se inspiró para escribir su parte. A partir de ahí os propusimos su idea y no solo habéis enviado foto much@s de vosotr@s ¡¡si no que incluso hay dibujos propios!! 
Y aquí viene la megacoincidencia de las coincidencias, un dibujo-regalo que expresa gráficamente una idea que les  transmití a los otros dos forenses fundadores en un correo privado: ¡¡una gata jugando con un escarabajo!! ¡¡Esto tiene que ser una señal!!. ¡Por lo menos por lo menos que estamos destinados a escribir juntos un nuevo relato en un futuro próximo...! ;)


Muchas gracias de nuevo, de todo corazón de gata aficionada a las letras y no precisamente para esparcirlas por el suelo. 
Sin más empieza la publicación. 

[Nota: Cuando publicamos las bases del juego dijimos que mantendríamos el anonimato de los participantes en cuanto a las cuentas de correo electrónico. En la publicación del relato por "entregas" indicaremos el seudónimo en internet del autor o autora de cada parte. Si queréis que incluyamos en el nombre un enlace a vuestros blogs para que os visitéis, no tenéis más que pedirlo y se añadirá]

7.7.12

Cuando no se ve por dónde pisas no te arrimes mucho a ningún lado

No soy una persona especialmente torpe. Las personas que me conocen de cerca saben que mis torpezas se limitan a mi espacio personal y que generalmente la víctima soy yo misma: cosas que se me pueden caer aparentemente de forma inexplicable, objetos que salen volando sin haber sido antes propulsados por medios mecánicos o químicos, o tropezarme con un pelo o las rayas de las baldosas. 
Soy capaz de caminar por un suelo congelado e incluso atreverme a hacer alguna payasada sin perder el equilibrio y sin embargo minutos después también soy muy capaz dar con mis posaderas en el suelo estando simplemente de pie, parada.
Quizás las prisas, quizás cierta desatención puntual al mundo que me rodea. 
Debería decir en mi favor que sin embargo tengo buenos reflejos y otra tantas veces evito que algunos objetos lleguen a tocar el suelo. Pero ayer no. Ayer me hubieran hecho falta superpoderes. 

Iba en buena compañía a ver The Amazing Spiderman -película que aprovecho para decir que me encantó- y a pesar de que todavía las luces estaban encendidas, pobremente pero encendidas, entramos de uno en uno a nuestra fila a ocupar nuestros asientos. 
Yo iba la última y puse tanto afán en no pisar a la mujer que con su niño ocupaban el principio de la fila que note un ligero obstáculo en la rodilla y acto seguido algo me salpicó. 
Cuando miré al suelo le había tirado la bebida que compartían madre e hijo, del tamaño más gigante que podían vender. Mi cara de incredulidad debió de ser única pues apenas noté resistencia cuando tropecé con el vaso de cartón y es que cuanto más grandes son esos "vasos" parece que los hacen más inconsistentes. 
Yo miraba el suelo, con su creciente charco color caramelo y sus hielitos flotando como mini icebergs a la deriva, miraba la cara de Florecilla, que se tuvo que dar la vuelta para reirse. Yo no sabía si reirme o enterrarme a mí misma con la tapicería del asiento a cuyo respaldo estaba agarrada. Así que opté por las dos cosas. Entre risas y con la vergüenza impidiéndome formular mentalmente palabras con sentido yo veía el tamaño de la bebida y pensaba: "la ruina". 


(splash virtual)

Ahora es cuando debo explicar que estoy tratando de mejorar mi equipo fotográfico y como  no es un material precisamente barato estoy reduciendo los gastos superfluos al mínimo. La situación actual y lo que van subiendo los precios paulatina pero inflexiblemente hacen que en general un@ se piense más en qué gastarse el dinero. No sé cómo será en otras ciudades pero desde luego Madrid es una ciudad que  te cobra desde que pones un pie en la calle.

En cualquier caso no tengo costumbre de consumir comida ni bebida en el cine salvo que esté muerta de hambre o sed y por supuesto si lo hiciera no sería en el tamaño "tanque". No veo la relación de comer y beber al ver pelis, afortunadamente, porque de lo que sí soy es consumidora del séptimo arte y si tuviera que comer cada vez que me siento a ver una historia más me valdría irme a verlas al gimnasio mientras me mato a hacer ejercicio. 

Y por si todo esto no concurriera en mi persona hay que decir que con los precios que ponen a las palomitas y a las bebidas sale más barato ir al cine dos veces que una y consumiendo lo que venden en el bar. 

Retomando el momento splash con cafeína,  allí estaba yo apoyada en el respaldo del asiento delantero, consiguiendo disculparme entre risas y diciéndole a la buena mujer que le compraba otra bebida. La mujer se negó al principio pero debió de imaginarse toda la peli solo a base de palomitas y con el gaznate más reseco que el bacalao en salazón y su negativa fue más débil. 
De todos modos hubiera sido una marranada por mi parte no reponerle la bebida así que allí me fui al bar, rascándome la cartera con todo el dolor de mi corazón y con una nubecilla con una flamante cámara nueva sobre mi cabeza a punto de evaporarse...Bueno, esto es una exageración pero cuando llevas esperando tiempo por algo a lo que ya le has visto hasta las posibilidades de uso una y otra vez todo se dramatiza un poco. 

Aprovechando que estaba en el bar le conté a la chica que estaba detrás del mostrador que en la sala se había caído una bebida del tamaño que se pediría un oso polar si éstos fueran al cine y que estaba todo el suelo encharcado. Me dijo que por la hora que era no sabía si iban a poder limpiarlo porque iba a empezar ya la película y me sugirió que si la sala no estaba llena nos cambiáramos de sitio. 

Sin embargo se lo dijo a otro chico y mientras yo extendía mi billete rápidamente para que aquel trance pasara lo más rápido posible la chica me sirvió la bebida. 
Me dijo algo que no entendí la primera vez y tuvo que repetírmelo. Que no, que no me cobraba la bebida.
¡Oh! ¡Qué alegría! La culpa desde luego había sido mía y no me iba a sacar de ningún apuro evitar aquel gasto pero ya me dolía más en el amor propio que otra cosa. Quizás es que son  conscientes de lo inflados que están los precios y no se atreven a cobrártela dos veces. 

Volví a la sala, seguida por un chico armado con cubo y fregona y pensé que quizás aquel era el día en el que tenía que haber jugado a la lotería o haberme ido al bingo a comprobar si la suerte me sonreía de cara. 

Le entregué la bebida a la mujer, quien me lo agradeció, yo creo que hasta algo sorprendida, y su hijo dijo: "qué detalle más agradable" y vale, no tuve que pagarla pero la verdad que si lo hubiera tenido que hacer pues tampoco me hubiera importado. Soy así de facilona y con una expresión de agradecimiento me puedo dar por satisfecha. 

Al salir de la película, esperando que terminara el momento colectivo "tengo que ir al baño que no me aguanto más" correspondiente, encontré una moneda de 2 euros que pensé se le había caído a mi sobrino. 

Quién sabe, como puede que esté en racha a lo mejor se produce una cadena de favores misteriosa y me encuentro en casa por casualidad la ansiada cámara nueva, espontáneamente, como la moneda de 2 euros... 

...Si no siempre puedo ir al cine, pagar un bebida, tirarla, y llevarme la segunda gratis...

.... ¿Y si compro una entrada y la tiro al suelo...., me darán otra gratis...?...Ujummmmmmm.....

23.6.12

Utopías [Las vidas que no he vivido] ~ Entre olas

Olas y espuma

Estás en una playa, de pie, notando cómo la arena caliente se moldea a tus pies. El plic plic de las pesadas gotas de agua que caen de tu pelo dan cadencia a la melodía del viento y el mar.
Agradeces el abrazo del sol ahora que estás empapada pero en unos minutos, cuando la mayor parte del agua salada se haya escurrido de tu cuerpo el abrazo se convertirá en sutil mordisco de fuego y estarás deseando sentir de nuevo el azote frío de las olas contra el neopreno, casi dejándote sin respiración pero reavivando hasta la última célula de tu ser.

Sientes el pelo apelmazado por la sal y eres consciente de cómo se va formando una fina capa sobre tu rostro, manos y pies. La tabla de surf te hace compañía a tu lado y tiene enterrado uno de sus extremos en la arena mientras su figura aerodinámica descansa sobre tu cuerpo.

En esta pausa que has tomado contemplas cómo el resto de surfistas desafían las olas y se mantienen de pie sobre ellas, deslizándose como si fueran conocedores de un hechizo que les hace avanzar ligeros contra toda ley del equilibrio.

Aún recuerdas tus primeras veces, lo torpe que te sentías allí de pie, subida a una tabla que parecía una pastilla de jabón sobre un charco de agua, temblorosa e insegura, vacilando constantemente e intentando conseguir un remedo de estabilidad agitando los brazos como una equilibrista inexperta.


Surfeando

Pero el empeño y sobre todo las ganas hicieron un buen día el clic. No fuiste consciente de cuándo se produjo la magia pero de repente aquello empezó a salir bien y los éxitos se fueron acumulando sobre los fracasos, allí entre las olas.

Surf
En esos momentos eres como la diosa de los elementos. Solo tú, el viento y las olas, enviadas como emisarios furiosos de un mar que se comporta al igual un caballo sin domar cuando le ponen por primera vez la silla de montar encima. Otras veces es un ser caprichoso y juguetón que te acuna con sus dedos de espuma y sal y te deja soñar que eres un pájaro con alas en los pies.




7.6.12

Devorador@s de historias: Historia del Universo

Este libro no encaja precisamente en la sección de Devorador@s... porque historia como tal no tiene, solo en el título y en el concepto. Es más de divulgación/ensayo/científico que novela, desde luego. 
Pero como ya he dicho hasta la saciedad que soy lectora compulsiva me ha dado ahora por los misterios del universo. 

Todos los libros al respecto son demasiado técnicos, "modo experto", y había oído decir que Stephen Hawking lo hace facilito, hasta para alguien más de palabras que de números como yo misma.
Desde luego ya este hombre se merece el esfuerzo de animarse a que te leas algo suyo, aunque solo sea por el espíritu de superación que tiene.
No os voy a destripar el contenido porque sinceramente, no estoy en condiciones de hacerlo, lo entiendo cuando lo leo pero me siento incapaz de reproducirlo sin decir disparates.
Haré lo que mejor sé hacer: bombardearos con mis reflexiones metafísicas... :)

Hubo un punto que me hizo pensar. Stephen Hawking planteaba un supuesto en el que hablando del concepto tiempo y espacio venía a decir (perdone Sr. Hawking porque seguro que traducido por mi voy a decir una burrada) que si pudiéramos trasladarnos al tiempo futuro entendido como lo que se tardaría en llegar a un punto del universo determinado la humanidad ya no existiría. Esto es porque el tiempo cósmico es infinitamente mayor que el humano lo que bien vale una reflexión sobre que nuestro paso por la Tierra y por nuestras propias vidas insignificantes se merecería que estuviera mejor aprovechado.

Formamos parte de millones de galaxias que pueblan el universo. Estamos probablemente, y que se sepa, muy alejados de cualquier otra forma de vida. La tecnología de la que disponemos a día de hoy no permite que viajemos muy lejos para explorar otros planetas. De momento no hay nada que pueda viajar a una velocidad mayor que la luz y ésta tarda años en llegar a otros puntos del universo. En gran parte de los posibles viajes que se puedan imaginar para los humanos en el espacio las condiciones harían que nos desintegráramos. Con lo cual y después de todo esto parece que estamos relativamente aislados, salvo que alguien venga a visitarnos.

Galaxia NGC 4603
¿No parece ridículo y hasta patético que siendo un pequeño e insignificante punto en el universo estemos tan ocupados tratando de ejercer poder unos sobre otros dentro del mismo planeta? ¿Qué haya gente que tenga que tirar lo que le sobra mientras otra no tenga ni para sobrevivir? ¿Qué estemos compitiendo entre nosotros a ver quién acumula más riqueza y por lo tanto control sobre los demás? ¿Y que para colmo estemos descuidando dos de las cosas más valiosas que tenemos: el planeta que nos sustenta y la vida que hay en él?

Visto desde fuera y desde una óptica humana (no desde la de un organismo extraterrestre celular, matizo) damos mucha pena. Un ser inteligente con emociones, similar a nosotros, que nos pudiera observar desde fuera probablemente diría algo parecido a lo que dijo Carl Sagan sobre la posibilidad de que estemos solos en el universo ("¡Cuánto espacio desaprovechado!"): "¡Cuántos esfuerzos desaprovechados!".

No se trata tampoco de vivir en el flower-power, ni de tratar de caernos fantásticamente bien unos a otros pero sí algo más de sentido común.



Nebulosa Hélice

Saliéndome de mis reflexiones metafísicas y volviendo al tema del libro he de decir que es de una comprensión medianamente accesible (yo es que tengo la física ya un poco oxidada) pero de vez en cuando notas cómo te chirrían los engranajes, por lo menos para mí que soy más bien visual y si no me lo imagino no lo veo. 

Te acerca al universo y llegas a la conclusión de que en el fondo nuestro conocimiento del mundo tiene mucho de imaginario más que de real, con tantas teorías en constante revisión, naturalmente incompletas, y tantas incógnitas. Que la clave para que la lectura sea más fácil es imaginar que todo tiene una entidad física y propiedades físicas aunque no llegues a entender bien todas. A veces me pierdo pero alguien que controle un poco de la materia seguro que disfruta el doble. Y si yo soy capaz de captar la esencia....

1.6.12

El cuarto de baño ataca de nuevo...

Pero...¿cuándo voy a empezar a ver algo publicado del cadáver? ¡Qué desfachatez! Si se dijo todos los jueves, y aquí ¡no hay nada! ¡Qué poca seriedad...!

Es que os está saliendo taaan bien, lo estáis haciendo taaan emocionante, estáis cumpliendo tan bien los plazos que hemos pensado que se merece una aparición triunfal y más seria...quizás al final...quizás antes... Es un misterio. 
Yo por mi parte ya estoy viendo una edición posterior, con algo más de complicación, como pensamos los tres locos forenses en su día.... 
No me podéis ver pero ahora mismo soy una gata con una sonrisa de satisfacción que ni el gato de Chesire.