7.2.13

Devorador@s de historias ~ Christine

Christine es un libro que estaba en casa, bien guardadito en un mueble y reorganizando el espacio salió de su confinamiento a la luz.
Lo vi y recordando la recomendación de Ángeles lo aparté para ponerlo en la cola de lectura.
La historia, respetando el deseo de descubrirla para aquellos que aún no la hayan leído, se centra en la vida, a finales de los 70, de dos adolescentes amigos que también comparten trabajo ocasional y tienen puestas sus miras en su próximo ingreso en la universidad. Hasta aquí todo normal pero en realidad no se tarda en averiguar que de normal hay pocas cosas en lo que se va a leer. 

Uno de los amigos, Arnie, es el típico chico nada agraciado, en el peor momento físico de la adolescencia, tímido e inseguro sobre el que recaen todas las burlas y pésimas ocurrencias de colegas de instituto con instintos poco civilizados.
Que sea tímido e inseguro encaja más aún al descubrir que es hijo único de dos padres absorbentes y controladores, en especial la madre, que han hecho muy bien la tarea de anular la voluntad y personalidad del chico para dirigirle a su antojo.
Su compañero, Dennis, es el único amigo verdadero que tiene, el que ve cualidades positivas en Arnie y trata de defenderle y ayudarle a salir adelante. 
Pero un día se cruzan con un coche a la venta estacionado en la propiedad privada de un ex militar y a partir de ahí todo cambia a peor. Es un coche que sería más apropiado encontrar esperando el desguace pero por el que Arnie siente una atracción tan intensa que decide comprarlo poniendo desde ese momento en juego muchas cosas de su hasta ahora predecible futuro.

Algo es distinto en el coche, algo empieza a cambiar en Arnie y sucesos inexplicables empiezan a suceder alrededor de ambos. 

Ya desde mi opinión personal diré que como siempre King a veces alarga hasta el extremo de rozar el aburrimiento momentos puntuales del libro, especialmente al principio. Entiendo que pretende crear un contraste en el ritmo para los acontecimientos que se irán sucediendo después y que puede ser intencionadamente (o no, es una suposición mía) una buena forma de crear un efecto "aceleración" acorde con el protagonista principal de la historia que es el coche. Pero a mí a veces me distrae.

Sin embargo considero muy positivo el trabajo hecho con respecto al narrador, siendo contada la historia desde la voz de uno u otro personaje pero de una forma tan hábil que te das cuenta después. Es como si fueras un testigo mudo e invisible que va acompañando a todos los personajes que tienen voz narrativa.
Notoria es la "banda sonora" que acompaña a la historia.

La parte más intensa sucede en los días de navidad que es cuando precisamente yo estaba leyéndola y no sé si el espíritu del libro me contagió pero paralelamente (oh! microcasualidades!) sucedieron acontecimientos en mi vida que me hicieron pensar con alivio en que no tenía semejante artilugio en mi poder porque algunas personas podrían haber sido objetivo de un coche como éste capaz de tomar sus propias decisiones. Son esas cosas que piensas en un mal momento y que luego afortunadamente olvidas. 

El final responde a la lógica interna de la historia y a mí me resultó especialmente grato porque me pareció aún más verosímil. Le daba a la historia frescura, me hizo imaginar a Stephen King escribiendo un gran relato de taller de escritura. Por supuesto intuyo que hay un gran trabajo detrás y por todo ello me ha parecido una libro tan recomendable.:)
Fue llevada a la gran pantalla en 1983 de la mano de John Carpenter.


4.2.13

Utopías [Las vidas que no he vivido] ~ Encuentro en París

Me bajo en la estación del TGV y mi pequeña maleta de ruedas repiquetea en el andén  recortando suavemente la luz que lo inunda mientras consulto mi smartphone para chequear las últimas notificaciones recibidas. Al mismo tiempo intento localizar un plano para ver qué salida de la estación es la que me interesa utilizar. Voy bien de tiempo pero estoy nerviosa. Es la primera vez que viajo fuera de España porque alguien se ha interesado por mi trabajo. 

Aún recuerdo los años de incertidumbre...Bueno, la incertidumbre y yo nos hemos hecho inseparables, parece que es irremediable que me acompañe así que ya me voy acostumbrando a ella. Pero recuerdo los años de tener la sensación de trabajar y trabajar para nada, de intentar hacer algo con aquellas ideas locas y que nada pareciera cuajar. 
Hasta que sin ser consciente de ello el trabajo empezó a crecer y a crecer por sí solo, los pedidos a aumentar y las horas de sueño fueron sustituidas por horas de luz artificial, aguja, telas, hilos, dibujos, diseños, fotos, sonrisas quebradizas producto del cansancio, mucho tesón y mucha ilusión. 
Lo que más me asombra es la naturalidad con la que asumí la nueva situación. Quizás es que lo deseé tanto que me pareció lo lógico y en seguida me hice cargo de la nueva presión, de los desajustes de horario y de observar mis emociones desde el cristal de la lógica, que las mantiene a raya al otro lado. Creo que aún no he tenido tiempo para reaccionar ni para pensarlo en su magnitud pero quizás también sea por miedo a que la ensoñación se esfume.

Ésa parece la salida....Ah, sí, veo una parada de taxis. Es agradable escuchar la melodía del idioma francés alrededor. Es como una suave banda sonora de la ciudad que me empuja a flotar con ella. ¡No se nota que me gusta París!

Me desprendo con cierta reticencia de mi maleta para que el conductor la meta en el maletero. Ahí va una gran muestra de mi trabajo y parte importante de lo que se decidirá en las próximas horas. Ya dentro del automóvil le doy la dirección al taxista y me acomodo en el asiento arrebujándome en mi abrigo de paño rosa palo mientras miro sin ver mis tacones de charol negro. 
Intento no pensar en nada, la reunión es inminente. Mi dominio de la lengua francesa no es tan grande pero debo estar tranquila, hemos hablado por teléfono, ya se habrán hecho una idea de que nos podemos entender sin que sea capaz de recitarles La Chanson de Roland. He recorrido un largo camino hasta aquí y esto, pase lo que pase no será un final, será un cambio de rumbo. 

Respiro hondo y me concentro en mirar por la ventanilla, impregnándome de la luz única de la ciudad gala. Intento apropiarme de esa combinación tan saludable que se vive aquí de quitar dramatismo a las cosas serias y a la vez de responsabilidad mientras el taxi devora los kilómetros que me conducen a una etapa que antes no era ni capaz de imaginar. 

Me doy cuenta de que aferro mi móvil con fuerza y una liviana sonrisa se dibuja en mi rostro.

21.12.12

Breve reflexión pre-navideña

Foto de Efe
Ayer pensaba en la lotería. Todos los años por estas fechas, compramos décimos soñando con los pequeños o grandes cambios que supondrían nuestros billetes premiados.
Pero este año la lotería más que para soñar serviría en muchos casos para dejar de sufrir.

Dejar de pasar noches en vela viendo como se acerca el fin del cobro de la prestación por desempleo y aún sin trabajo. 
Dejar de tener una bola en el estómago viendo que la alimentación de tus hijos es de supervivencia.
Dejar de recurrir a la generosidad de los familiares.
Dejar de disimular el brillo de una ropa demasiado gastada por el uso.
Dejar de recortar en gastos "superfluos".
Dejar de engullir la vergüenza que lleva implícita un desahucio o recurrir a un comedor social.
Dejar de tragar con situaciones injustas antes e injustas ahora en el trabajo porque "ahora está todo muy mal". (Para esta situación y la siguiente hace falta un buen pellizco).
Dejar de ajustar tus enfermedades a los días que puedes permitirte faltar al trabajo por si acaso.
Dejar de quedarte en casa las próximas vacaciones de verano después de un año de trabajar más horas por menos sueldo si no tienes familiares o amig@s con casa fuera que te ofrezcan la alternativa.
Dejar de ver cómo la cifra de tus gastos devora a la de ingresos lenta e inexorablemente.

Y podría seguir pero esta entrada la he titulado "breve reflexión". 

Estaría bien que nos tocara a todos un poquito en vez de que unos pocos amasaran grandes fortunas. Sería un ejemplo muy significativo a seguir a todos los niveles (todos, los más altos los primeros) en estos tiempos que corren.

Sé que es improbable pero por si acaso no es imposible:

Feliz premio de lotería para tod@s.

13.12.12

Devorador@s de historias: Come, reza, ama


Lo mío con las micro-casualidades es algo a lo que ya me he acostumbrado y me parece natural.
No es raro que esté interesada en un tema y a los pocos días aparezca una tertulia en un programa de radio, una letra de una canción, o me tope con un libro o una película que hablen sobre el mismo asunto.
A veces estas casualidades son superficiales. Simplemente pueden consistir en haber leído, por ejemplo, que el rastro de Amelia Earhart en su último vuelo se perdió cerca de la isla Howland y el mismo día o al siguiente encontrar por casualidad entre los diferentes canales de televisión -y son unos cuantos, tantos que pruebo al azar porque no consigo aprendérmelos nunca- un documental que habla sobre esta isla y por casualidad he llegado allí en el minuto del programa donde empiezan a mencionarla. 

De forma más relevante, otras veces mi curiosidad se obsesiona, por ejemplo, por cómo conseguir mantener un equilibrio interior que vaya más allá del período de vacaciones. (Esto siempre ha sido una curiosidad pero desde hace unos años se ha convertido definitivamente en una obsesión.)
Obviamente los libros que escojo estarán orientados a satisfacer esta demanda y quizás hasta las películas pero una cosa es lo que parecen y otra lo que resultan ser. 
En este punto de la entrada espero que no haya un psiquiatra con exceso de celo leyéndome porque he de decir que...los libros me hablan. Sobre todo de un tiempo a esta parte.

No es la primera vez que paso las primeras páginas de un libro pensando si quizás debería estar leyendo aquel otro que también tenía buena pinta cuando, a medida que leo, encuentro claves que tienen que ver directamente conmigo. 
Entonces el libro se transforma. O quizás soy yo la que lo hace porque siento que ya no somos el libro y yo si no que me fundo con el contenido -en un sentido metafórico, señor psiquiatra- y se establece una conexión entre lo allí explicado y yo, como si lo hubieran escrito para mí. 
Me parecería perfectamente normal que en algún momento encontrara alguna frase que dijera algo así, como, "Mae, cuando hayas llegado a este punto recuerda lo que digo en el capítulo anterior: debes...".


Come, reza, ama de Elisabeth Gilbert tiene algo que me ha enganchado terriblemente. Probablemente se deba a similitudes en experiencias y en el modo de afrontarlas. Puede que también se deba a la curiosidad por saber cómo otra persona ha resuelto desde el punto de vista personal una situación e inquietudes parecidas. 

Una mujer de vida acomodada se encuentra en un matrimonio al que ha llegado por inercia y  puro autoconvencimiento y un día descubre lo inevitable, que no es el lugar donde quiere estar. A partir de ahí la búsqueda de su felicidad interior la llevará a recorrer otros caminos y otros lugares que definan lo que verdaderamente quiere.
(Puntualizo que las coincidencias con la autora no están en este aspecto...Por si acaso).

Recuerdo que hubo una película protagonizada por Julia Roberts y Javier Bardem basada en este libro pero todo lo que huela a comedia romántica me produce un cierto y automático rechazo. Es como los análisis de sangre, que con una o dos veces al año tienes suficiente para saber cómo está todo y no perderte algo importante.
Además Julia Roberts creo que ha llegado a eclipsar a sus propios personajes y con Bardem, en cada película tengo que hacer soberanos esfuerzos para sobreponerme al actor y reconciliarme con el rol interpretado. Siempre termina ganando su interpretación pero este conflicto hace que tenga sus películas al final de la lista de espera.  

A la protagonista y escritora de Come, reza, ama nos separan muchas cosas y por ello me he dejado llevar. Me he deslizado en su piel para ser testigo cómodo de su experiencia. Ya me gustaría a mí ir a buscar respuestas directamente a los lugares donde se supone que hay que buscarlas de primera mano, experiencia sensorial incluida, y dedicarme un año entero a mi persona.

He visto que en algunos sitios este libro lo califican de superficial, de facilón, de típica historia de mujer-de-buena-posición-con-una-visión-ingenua-de-la-vida-y-a-la-que-todo-le-sale-bien- ¡qué-casualidad!
Yo me lo he leído como un relato de reflexiones y vivencias que una persona ha querido expresar desde su propia experiencia y aunque hay cosas que si profundizo no me aportan nada sí hay pequeños detalles que me hacen reflexionar.
Como por ejemplo que procurar tu felicidad hace que dejes de ser un obstáculo para la de los demás. Esta frase me dio que pensar.

También he visto que se ha creado una corriente de seguidor@s (seguidoras, sobre todo) convirtiéndolo en una especie de libro de culto. Tiene su lado asombroso que a partir de la experiencia de una persona otras se animen a crear un punto de partida para ensamblar las piezas de sus vidas y tratar de lograr algo mejor.

No es un manual de yoga, ni un libro de autoayuda, ni una guía de viajes, aunque desde el punto de vista gastronómico Italia ha cambiado a mis ojos. No tiene más pretensiones que contar una etapa en la vida de una persona y yo tampoco le pido más.

Y por último qué mejor cierre que una imagen de la nueva vida de la autora:

Two buttons

15.11.12

Mejor cuanto más lejos

Avispa halcón (N.G.)
Los insectos y yo. Esos seres fascinantes, enigmáticos, tan diversos, tan complejos y tan simples a la vez. 

Sincerémonos. 

Esos seres fascinantes, enigmáticos, tan diversos, tan complejos y tan simples a la vez... Y tan raros, sobre todo tan IMPREVISIBLES, que no sabes si te van a saltar a la cara, volar al pelo, pegarte un bocado, inyectarte alguna sustancia tóxica, producirte urticaria o intentar huir con fatal resultado y acabar otra vez en tu pelo, en tu cara o en cualquier otra parte de tu cuerpo donde lo transportes alegremente ignorante de ello....Uf! Son extraterrestres en miniatura.

Así al aire libre, sin problema. Es decir, con espacio para correr si hace falta. Pero en espacios reducidos somos ligeramente incompatibles. Aunque hay tipos y tipos. 
No es lo mismo una mosca que...una mantis. Recuerdo dos ocasiones en que al abrir la ventana y subir la persiana descubrí a una preciosa mantis enganchada al borde, saludándome con la patita. Fueron dos veces muy seguidas, en dos ventanas distintas pero debió de ser la misma individua que estaba de exploración. No sé que tienen que me disgustan sobremanera a la vez que me atraen, pero no me atraen como para que quiera acercarme a ellas, confianzas las justas. 

No me digáis que no intimida. Aunque también podría
estar practicando algún paso de baile flamenco...
-Foto de blog-

Otro tipo incompatible con mi persona en un espacio pequeño...o grande...son las cucarachas. Con esa manía suya de correr precisamente hacia tus pies en el último momento, tan supervivientes ellas, tal afán reproductor y con tanta variedad de especímenes... Mejor no hablo de un documental que vi hace un par de meses...

Cucas (N.G.)
Una vez se me coló una en una zapatilla. Noté algo con el pie pero no supuse que sería lo que fue después. Como me molestaba metí la mano.....................
.........Y...aunque...son...tremendamente... suaves...ese recuerdo...me pone...la piel...de gallina....

Una razón añadida de que no me gustan los insectos en espacios reducidos, es decir mi casa, es que como convivo con dos gatos curiosones, -además de molones- no puedo usar insecticida así que recurro a Pelotillo que tiene un arte y un salero sin igual en eso de hacer que los insectos desaparezcan sin que ninguno resulte dañado en el proceso, bueno, contando con que las cucas sepan bucear. 

Así que esta mañana, en el metro, esperando pacientemente en el andén, advierto que en el suelo donde van apoyados los rieles se mueve campante una cucaracha rubia. Es insólito que la vea porque la que escribe tiene unas cuantas dioptrías y la cuca está lejos pero supongo que fue una reacción al movimiento. Algo se me removió por dentro a mí también y pensé con alivio que al menos estaba bien lejos y se movía en dirección contraria hacia mi. 

Pero justo después de pensar esto noté un movimiento descendente de algo que caía (después descubriría que era "algo que revoloteaba") a mi lado. Afortunadamente tengo dioptrías pero mantengo la agudeza visual que si no ni me hubiera enterado. 
O quizás fue que estaba predispuesta, el caso es que miré hacia abajo y detrás de mí acababa de aterrizar otra cuca CON ALAS y probaba suerte en el andén. 

No quise averiguar si era la misma que había visto antes o es que se están adueñando de la civilización y empiezan por el metro que como ahí todo puede suceder pasan más desapercibidas.
Despacio me fui moviendo desde mi sitio hasta colocarme en otro más estratégico con respecto a la cucarachización, no sin antes supervisarlo visualmente. 

La verdad es que tuve que contener la risa, seguramente nada que ver comparada con la que les tiene que dar a las cucas y a los insectos en general cuando nos ven huir despavoridos en su presencia. 


29.10.12

Cuando la fe sale a tu encuentro

Quien utilice el transporte público en Madrid habrá notado -imposible evitarlo- que desde hace unas semanas tenemos paros que suelen coincidir viernes y lunes para tremendo regocijo de los usuarios. Pero como los madrileños debemos de tener un tanto por ciento de mártires y también necesidad de desplazarnos seguimos usándolo a pesar de que de repente tengamos que intimar con desconocidos mientras ponemos cara de viaje en ascensor y buscamos inspiración en el techo, escudriñándolo con ahínco.

Esto de las huelgas de transporte público no lo acabo de entender muy bien. Se supone que se perjudica al usuario para que nosotros protestemos y hagamos presión o dejemos de usarlo en esos días pero: 

a. Está más que demostrado que las personas que tenemos que coger el transporte público da igual que sea huelga o no, hay que llegar al lugar de trabajo, citas, etc y sabemos de sobra que no sirve de nada protestar. Y en un vagón abarrotado de gente hay mucha tensión de por sí así que mejor guardar la calma. Se ve que los que hacen los paros no saben lo que es. 
b. Tal y como está montado el sistema de tarifas a todo lo más que podemos llegar es a saltar el torniquete de entrada y eso si no te cascan las rodillas, que no tod@s estamos para esos trotes. Pero digo yo, ¿para qué quiero arriesgarme a hacerme una fractura de menisco si precisamente porque uso el transporte público a diario pago el abono mensual? Que sería de idiotas con los precios que tienen ahora darse el lujo de hacer varios viajes al día con billete sencillo y ahora mismo es un lujo casi con el bono. Es un lujo viajar en transporte público en general.

Sea como fuere los que pierden son l@s viajer@s que pagamos lo mismo por un servicio peor y llegando tarde al trabajo.

El viernes fue un día glorioso. Sabiendo que las horas punta son las que más duelen y que los viernes hay empresas que terminan a las tres el viernes introdujeron una novedad: Poner precisamente los paros media hora antes y hasta dos horas después. 
De ese modo no había escapatoria porque a ver quién es el/la bonito/bonita que sale más de media hora antes de trabajar, tal y como está la cosa, sin tener casi que pedir un día de vacaciones. Sí, que esto de pedir un día es una exageración pero a mí ya me parece saña. Que con que empiecen a las tres ya hacen pupita. Que además están los paros encubiertos los días no oficiales de huelga.

Después de esta reflexión-pataleta que agradezco me hayáis dejado hacer por el bien de mi salud nos metemos en situación. 

Ahí que entro yo al andén y veo que está abarrotado de gente y leo con asombro que los paros se han adelantado como ya he contado. He quedado en el centro y no voy a llegar ni aunque me vuelva plana como un tallarín, que no conseguiré hacerme sitio porque vienen los trenes que no cabe una pelusa.

Así que como últimamente estoy buscando el equilibrio y mantener la paz interior lo dejo estar, si total cualquier viernes siempre hay algo parecido en condiciones normales. 
....Pero qué de mala vibración hay en el andén, que se percibe la negatividad.... Que como yo estoy tan sensitiva últimamente lo noto y todo así que yo sigo con mi plan. Concentración y paciencia, cero agobios, música en los oídos, observo las malas caras. Pasa por mi lado una señora rubia con el ceño fruncido, qué malo es esto para las arrugas. Yo voy bien, aunque pase el primer tren y mire con angustia cómo la gente se mete a presión, pero literal eh, que aquí no exagero. Que siempre pienso cuando lo veo que ojalá no falle nada en el viaje, que nunca pasa nada importante, pero que con tanta gente dentro no se salva ni el cartel de la inspección sanitaria. 
Pasa un segundo tren, en iguales condiciones. Lo dejo marchar. Tan bueno es no perder tu tren como saber cuándo dejarlo pasar. La señora rubia que está más o menos cerca de mí ha decidido esperar también, somos un@s cuant@s esperando y creciendo. La estadística no falla, hay que dejar pasar dos trenes si quieres llegar de una pieza a tu destino. Sigo escuchando música. 

Se aproxima la señora rubia. Supongo equivocadamente que quiere preguntarme algo. Blande un folleto que cuando ya me lo acerca a la cara leo: "Consuelo para el deprimido" mientras me dice: "Para que lo leas en tu tiempo de espera", con una sonrisa que yo siento a medio camino entre el embaucamiento y el autoengaño que ya hay que estar muy convencido de que alguien va a estar deseando leer algo así y más aún en plena huelga de transporte. Yo le dedico una sonrisa producto de mi experiencia (defecto) profesional en atención al público pero que acompaño de un "no, gracias". A mí ya no me convierte ni dios.

Debe de ser que me vio necesitada de iluminación o que me vio hecha polvo porque no se lo ofreció a nadie más y eso me dio que pensar...Pero como estoy simplificando al máximo lo pensé...unos segundos :) y me fui al final del andén que vi que el último vagón del segundo tren aún hubiera admitido dos viajeros más. Y efectivamente a la tercera me subí, apretada como una sardinilla pero con espacio suficiente para que los pulmones hicieran su función.




15.10.12

Alien y yo: esa historia de amor que nunca acaba

Prometheus llegó por fin a la gran pantalla de mi casa, concretamente la del salón, que es la más grande si contamos los ordenadores. A pesar de que no las tenía todas conmigo porque las precuelas (pseudo precuela en este caso) suelen decepcionarme, y pongo de ejemplo Las crónicas de Riddick después de ver Pitch Black, me ha sorprendido gratamente.

imagen de Blog de Cine

Por supuesto allá donde esté Fassbender voy yo a ver lo que haga y digo esto teniendo aún pendientes de ver unas cuantas películas suyas pero ese es el impulso que me provoca. Ha sido un actor que ha despertado mi admiración de forma pausada y creciente y cada vez me gusta más. Me sorprende y me asombra su capacidad camaleónica para lograr hacer un personaje distinto cada vez. Consigue que me los crea todos y que no vea a Fassbender sino al personaje.

Noomi Rapace es otra actriz a la que también tengo en alza en mi ranking particular y un punto clave para seguir impulsándola en la lista ha sido precisamente esta película. 
Debo decir que me echa para atrás su parecido con Berta Collado, quien lamentable e injustificadamente me produce cierto rechazo que yo atribuyo sobre todo a su papel de buenorra-simpática-de-guión de "Sé lo que hicistéis", un programa que era entretenido hasta que se lo fagocitó el ego de Patricia Conde y cuyo contenido empezó a centrarse exclusivamente en su guerra con Telecinco.
Pero a Noomi Rapace le daré muchas oportunidades más porque me transmite plenamente lo que hace y me convence y me cae bien. De Charlize Theron no digo nada porque todo lo hace bien y es siempre muy convincente.

Prometheus explora hacia atrás en la historia de Alien y fantasea nada menos que con el origen de la especie humana. Conecta muy bien con Alien, el octavo pasajero pero tiene su propio hilo y perfectamente podría tener una continuación. De hecho yo necesito que tenga una continuación.

Y claro, es notar el gusanillo de Alien (en sentido figurado afortunadamente) y es como las pipas, ya no puedes parar cuando empiezas así que otra vez me he vuelto a enganchar a sus pelis. Que me veo una y me las tengo que ver todas, incluso la tercera que es la que menos me gusta. Y las he visto montones de veces y me dejan pegada a la pantalla igual que siempre y sigo sufriendo la tensión como el primer día. Es como una relación tortuosa en la que sabes que no hay nada nuevo por descubrir, que ya está todo dicho pero es reencontrarte con el sujeto de deseo y vuelves a caer con todo el equipo, como la primera vez aunque la verdad es que con Alien, no caigo, me tiro en plancha a sus brazos.
Pero no es plan, señores, que luego tengo que decidir si sacrifico mis costumbres televisivas o me troceo Alien en sesiones interruptus y así no se puede, no.

De aquí en adelante voy a tener que pasar de espaldas a la estantería de las pelis más aún cuando parece que sacarán una segunda parte de Prometheus (acabo de descubrirlo mientras escribo esta entrada)...y entonces serán 6 películas las que me tendré que ver casi del tirón...