28.2.15

La friolera de ocho meses que parecen cinco días

Eooo! Millones de años sin publicar nada. Stop. Pena penita pena. Stop. Aunque no se me ha olvidado ni un momento primero no me encontraba los miembros de mi cuerpo donde los había dejado. Stop. Confusión física y mental después por falta de sueño. Stop. Embobada por nuestro hijo a todas horas. Stop.
De momento interrumpo la publicación. Stop. Amenaza de pañal explosivo. Stop.

16.6.14

De embarazos y otras reflexiones

Un embarazo te cambia la vida. Sí, ya sé que un hijo te la cambia más pero nadie cuenta nunca que el embarazo también. Y es lógico, en cierto modo es una especie de entrenamiento. A mí me la ha cambiado bastante porque yo, siendo como soy un poco ardilla, acostumbrada a estar metida en varios sopicaldos me veo obligada a reducir el ritmo si no quiero acabar arrastrándome a cuatro patas y con la lengua fuera. 
Porque afortunadamente no he tenido náuseas, ni molestias típicas severas pero sí he pasado un frío extremo en invierno y aún padezco un cansancio nada desdeñable que debo tener vigilado de reojo y que sospecho no mejorará con el calor del verano. He aprendido a dosificar las fuerzas porque cuando menos me lo espero se me acaban las baterías y da igual dónde esté ni lo que esté haciendo que tengo que tomarme un respiro. 
Tanto es así, que cumplidas las obligaciones principales del día cuando me queda un rato libre me siento incapaz incluso de hacer aquellas cosas que más me motivan. Llevo sin escribir aquí la friolera de ¡3 meses! y lo que me parece peor, sin leer apenas lo que escriben aquell@s que siguen haciéndolo. Es como si al cansancio físico le acompañara una especie de semi letargo mental que impide concentrarse en muchas cosas más allá de lo más inmediato de cada día y lo que espera al final del embarazo. 

También hay que decir que entre controles médicos, clases de preparación a la maternidad, ir pensando y comprando aquello que le va a hacer falta al pequeñín, sacar tiempo para reestructurar el espacio, y de vez en cuando ser víctima del pánico no queda mucho tiempo para otra cosa que no sea tomarse un respiro. 
Sí, he dicho pánico. Un embarazo y la llegada de un nuevo miembro a la familia es motivo de alegría pero admitámoslo hay dos momentos cumbres que planean sobre tu cabeza: el parto...y todo lo que vendrá después. 
Esto es una carrera de incertidumbres, en cada momento te preocupan unas cosas y cuando vas superando las primeras aparecen las siguientes y al menos, hasta el momento en que el bebé salga al exterior, la preocupación clave es que todo salga bien, que el bebé esté sano y si es posible que no haya sufrimiento excesivo tampoco para ti. 
La segunda parte es hacerse con la nueva situación, conocer al bebé, aprender a reconocer sus necesidades porque en realidad te preparas para el embarazo, para el parto pero un bebé es como un sofisticado artefacto del que no tienes manual de instrucciones. Y a partir de ahí la cosa no termina nunca, porque a medida que crezca tendrás nuevas incertidumbres, nuevas preocupaciones...Hay momentos en los que te preguntas en qué estabas pensando cuando decidiste ser madre. Aaaah, la naturaleza es sabia y busca la perpetuación de la especie y transgrede toda lógica, sobre todo la lógica de una sociedad tan racionalizada y tecnologizada como la nuestra. 

No todo son pegas. Impagables son los momentos que compartimos el padre y yo cada vez que nos dedicamos a comprar lo que necesitará; esos momentos hacen que adquiera realidad, la ilusión que vivimos es especial y aún sin ver al bebé se nos pone cara de bobillos.

Pero eso no quita para que desde mi punto de vista haya una imagen idealizada del embarazo y la maternidad, donde aparecen barrigas felices y orondas, mujeres sonrientes y autocomplacidas cogiéndose el barrigote como si confiaran en quedarse eternamente en ese estado físico de redondez. 

A mí llamadme mujer desnaturalizada pero yo lo que quiero es que llegue el momento en que ya esté fuera, verle sano, tocarle, quedarme embobada mirándole durante horas porque creo que eso es lo que me pasará; a ser posible pasados unos días de la nueva convivencia. 
Y sí, dicen que hay que disfrutarlo, que el embarazo hay que vivirlo, que luego lo echas de menos y en mi caso espero que mucho porque no pretendo tener más hijos, a priori (que la naturaleza es muy sabia y retorcida y luego nunca se sabe) pero quiero recuperar mi cuerpo, mi nivel del actividad (lo sé, esto lo recuperaré con creces y de formas aún desconocidas por mi), mi capacidad para subir las escaleras de un segundo piso sin que parezca que he subido un decimoquinto, abrocharme las sandalias sin tener que probar diferentes ángulos con las piernas, no volverme loca si como fuera de casa haciéndome múltiples combinaciones mentales con la carta, pensando si esto lleva huevo poco hecho o crudo, descartar las ensaladas, el queso sin pasteurizar, comerme la carne demasiado cocinada que ya no sabe ni a carne, no poder tomarme una copilla de vino esporádicamente en las comidas, y por voluntad propia desechar las bebidas con gas (por los ardores después), las muy azucaradas, advertir más que nunca que el café sea descafeinado... 

De lo de dormir del tirón nos vamos olvidando mejor, ¿no?. Yo llevo años sin dormir del tirón pero ahora me despierto aún más veces y mi matrona dice que me sirve de entrenamiento pero pienso que estaría bien que el sueño me diera una tregua, al menos para coger fuerzas para después. 
Quiero volver a hacer deporte, del que me cansa de verdad, el que agota mis energías físicas y mentales y aunque no lo practicaba de forma intensiva a mí me tenía contenta. No soy muy exigente, un par de ratillos a la semana. Quiero dejar de estar a merced de las hormonas y sí, todavía me queda bastante aunque por otro lado tengo ese consuelo: si algo no me cuadra siempre puedo decir que son las hormonas. 

Hablando de la matrona, bendita ella, que no he empezado y ya me estoy cansando de los consejos de los demás, pero por inútiles que son muchos. En algunos hay buena intención y esos pasan a ser aceptados y ya se les verá la utilidad pero los que te dan poniéndote en lo peor....Aiiiis, que soy primeriza pero no tengo 15 años, que no hace falta que me lo pongan de lo peor que muchos lo dicen con la boca pequeña, que si la gente contara de verdad lo que se calla y dejara de inflar lo que cuenta el mundo estaría algo más equilibrado. Tengo un compañero que me dice que hacia el final del embarazo me dará el síndrome del "nido vacío". Yo le digo que no, el del nido a secas, que para el del nido vacío me quedan 20 años como mínimo y a saber si no más tal y como está la cosa. Pero da igual. Él insiste. Que me salte las recomendaciones alimenticias, que los antojos tengo que disfrutarlos. Sí pero para eso hay que tenerlos que no tengo más que lo que yo llamo apetencias pero puedo estar sin ellas perfectamente. 

Al menos la matrona me cuenta cosas objetivas y prácticas y no superchería popular, que yo entiendo que la experiencia es un plus pero no deja de ser tu experiencia con tu hijo, que no hay dos iguales. Y si fueran consejos concretos aunque particulares aún se puede hacer algo con ellos pero para concluir que me vaya preparando con lo que se me viene encima... Eso no me sirve para reconocer el hambre, el dolor, el sueño o los gases en el llanto de un bebé, por decir algo. 
Tampoco me sirve de nada que otro compañero me cuente que todo lo arregla con sus niños pequeños a base de paracetamoles. Mucho menos para decirme que yo me atiborre de ellos porque tengo faringitis, he venido en el otro turno a sustituir a una compañera que se ha puesto mala y me lo dice porque está impaciente porque le termine un listado de llamadas que no voy a hacer esa tarde porque me duele la garganta horrores, me estoy quedando sin voz y tengo que evitar a toda costa que me suba la fiebre a 39 si no quiero irme de urgencias porque a esa temperatura puede haber problemas para el bebé.

Llevo 3 meses sin escribir y parece que vaya escribir en una entrada lo de tres meses. Pero tranquilidad, no quiero pasarme el día hablando de lo mismo una y otra vez. Hoy necesitaba contarlo y bueno, si no, siempre puedo decir que son las hormonas :-)

7.3.14

Aquellos dones que la naturaleza me ha negado

En la entrada anterior hablaba de pasada de que hay actividades que aunque me atraen mucho no creo que pueda hacerlas. Quizás si dispusiera del tiempo suficiente para practicar poco a poco podría ir aumentando la confianza y podría dejar de verlas como imposibles. Pero con esta vida estándar de rata gris de ciudad es difícil.

La cosa empezó porque me gusta mucho el surf. Admiro a la gente que es capaz de mantenerse en pie -y a flote- en esa inmensa cantidad de agua cambiante y poderosa y que además lo hagan con la seguridad y la alegría que parece que lo hacen. Lo de la alegría lo entiendo porque tiene que dar un subidón tremendo. El mío sería para medicarme de la ansiedad. Así que me consuelo mirando las imágenes:

Surf
Más surf
Recomiendo la película Persiguiendo Mavericks para surfear cómodamente desde el salón sin que te salpique una gota.

Otra de las cosas que me atraen mucho es el senderismo extremo. (Creo que todo lo que es extremo, que es el polo donde yo no suelo estar nunca, es la clave.)
Hay un vídeo muy recomendable para sacudirse el amodorramiento y/o la nostalgia, que es El Camino del Rey y que incluyo a continuación:



Puede que a más de un ser humano le deje indiferente pero a mi me entran sudores fríos.

Si el senderismo extremo me da canguelo ¿qué puedo decir del alpinismo? Que probablemente para realizar alguna gesta similar tendrían que subirme inconsciente y en camilla, cosa que está bastante alejada de la esencia de este deporte. 

Yo veo esto y, primero, mis brazos se descolgarían al primer intento y, segundo y en consecuencia, más me valdría escalar con traje de submarinismo que es lo que tendría que hacer después de caer a plomo como un saco de patatas:

alpinismo extremo (10)
Alpinismo extremo
Mucho menos me veo capaz de balancear mis piernas alegremente como el protagonista de la foto. 

En la siguiente imagen se podría decir que ese sería el aspecto que presentaría yo misma segundos antes de saltar para acabar con tanto sufrimiento. Entiéndase que mis dedos estarían clavados en la piedra y mis piernas saldrían como en los dibujos animados cuando los personajes empiezan a correr y no se mueven del sitio. Por efecto del tembleque.

alpinismo extremo (1)
Contemplando las vistas
Si me dicen que al de la foto lo han llevado allí en helicóptero y se lo van a traer de regreso igual no me parece despreciable con el respeto que me provoca que simplemente salga sentado ahí (y no tirándose al vacío de puro pánico).

Con esta foto solo puede entrarme la risa floja:
alpinismo extremo (4)
Alpinismo muy extremo
Realmente así estaría yo pero en la base, antes de ascender el primer metro. 

Y para no saturar, una última imagen que me resulta ligeramente familiar por el encajonamiento que se sufre a veces en el transporte público... Pero creo que no me sirve como entrenamiento para la escalada.
alpinismo extremo (3)
Escalada extrema
En esta pequeña ascensión a las alturas y a la intensidad de las emociones la guinda la ponen todos los deportes aéreos. Sin complicarme mucho menciono dos "clásicos", aunque de ahí para arriba -permítaseme el juego de palabras- yo requiero desfibrilador si estoy consciente.

Estos dos clásicos son el paracaidismo y el parapente.

paracaidismo en australia Hacer paracaidismo en Australia
Foto de aqui
¿Qué alegría, no? Aunque yo ya habría perdido los empastes de tanto gritar.

Es cierto que se empieza con un instructor, que poco a poco vas acostumbrándote y soltándote pero honestamente yo creo que, de llegar ya tan lejos, dudo que pudiera pasar de esa fase. Si quisiera continuar haciendo saltos cuando llegara el momento de saltar sola tendría que ir cambiando de escuela, una y otra vez, recorrérmelas todas, y hacer que empiezo de cero. 
Lo bueno que tiene esta actividad es que dura muy poco aunque da la impresión de que se percibe como mucho más larga. pero aún así nunca podría quitarme de la cabeza "¿y si esta vez no se despliega el paracaídas?"
Y digo todo esto pero es que subirme a un helicóptero o un avioncillo ligero ya me supondría a mí un entrenamiento intensivo previo con drogas duras en el programa; no hablemos de abrir la puerta y asomarme al vacío. Mejor que me tiren en la camilla y con los tranquilizantes que usaron para subirme en la escalada. 

Con el parapente me suceden dos cosas. Por un lado da un poco de miedo (¿he dicho un poco?) eso de ir flotando por el aire y que la tortura experiencia sea más larga que saltar en paracaídas, amén de que pilles una mala corriente de aire y acabes en lo alto de un risco o de un pino, a la deriva ¡y encima tengas que descender! O todavía peor, que entres en barrena y quedes como un sello de colección que ha pasado por muchas manos. 
Por otro lado, visto desde el suelo parece una actividad más relajante y hecha para el disfrute; la posición es sentada que ya indica algo más de sosiego. Verdadera envidia me da de las vistas que se deben disfrutar ahí arriba. Además tiene la ventaja de que la actividad en sí no es la de evitar estrellarte poniendo un freno si no que está más orientada a llegar lo más alto posible/deseable e ir descendiendo poco a poco y de forma controlada, para aterrizar de pie. 

Foto de aqui
Sin perderle un ápice de respeto al paracaidismo, en el parapente hay que saber controlar mucho las corrientes aéreas, evitar las nubes tormentosas y manejar bien los tipos de vuelos que se pueden desarrollar. De hecho el curso de piloto de parapente está orientado a controlar principalmente las posibles incidencias en el aire y a saber usar el paracaídas de emergencia, además de ejecutar algunas maniobras orientadas al control seguro del vuelo.

He de reconocer que tengo debilidad por el parapente al atardecer, obviamente como observadora.

Foto de aquí

De todos modos creo que para mi naturaleza de tener los pies sobre la tierra sería más apropiado el kitesurf, donde se utiliza una cometa de tracción para hacer piruetas, saltos, maniobras a la vez que se desliza una sobre el mar. Lo de las vistas del parapente, me conformo con que me enseñen las fotos. Es agradable ver flotar los parapentes a lo lejos como aves erráticas que no se sabe muy bien si aprovechan los últimos rayos de luz del día para desafiar su propia mortalidad o van en busca de paraísos prometidos aún por descubrir. 

Y de las alturas a las profundidades. Algo que no creo que pudiera hacer nunca pero que además no querría hacer es espeleología.

Foto de aquí

Foto de aquí

Foto de aquí
Foto de NG
Foto NG
Espectaculares, ¿verdad?
Pero a mí no me compensa por esto:

Foto de aquí

Foto de aquí

Foto de aquí

Agentes de la Guardia Civil de Cangas de Onís rescatan a cuatro espeleólogos ingleses tras quedar anoche atrapados a unos cien metros de profundidad en una sima de los Picos de Europa que empezó a inundarse por las fuertes lluvias caídas ayer en el Principado.
Foto de aquí
Mi imaginación es muy fructífera y mi memoria muy oportuna lo que produce una combinación nada apropiada para mantener la calma en semejantes situaciones de estrechez. Me acordaría de todas las películas catastrofistas donde alegres, confiados, y lo peor, experimentados espeleológos se aventuran a descender por grutas de belleza espectacular y todo se tuerce. No he visto muchas pero sí material más que suficiente para que me asalte en un momento crítico.

Como sé que en el fondo os da morbillo esto de sufrir sin riesgo, termino con un video de Jimmy Chin sobre la escalada libre extrema de Alex Honnold, precisamente el tipo de la segunda foto de escalada (el que representaría mis momentos previos de salto al vacío).



(Disculpas porque no hay subtítulos)

28.2.14

Tengo alma de golondrina

Hoy es un buen día para estar en sitios como éstos:

  – Navagioビーチ、ザキントス島、イオニア諸島、ギリシャ wallpapers
Navagio.  (La página tiene muchos más salvapantallas espectaculares)
Water by Cuba Gallery
Dentro del mar
Piscina desde un hotel de Italia
I love this.....just relaxing in the sea - great invitation to vacation in Key West and the keys. - web source -MReno
(Autoría de la foto desconocida)
✯ Sea Surge, Australia
Surge, Australia (autoría de la foto desconocida)
Learn to (wind/kite)surf
Aprender a hacer wind/kite surf. (autoría de la foto desconocida)
Aunque el mar, el sol y el viento son muy agradables también cansan así que hay que pensar en un lugar donde descansar, comer, reposar, charlar o simplemente dejarse mecer por el sonido de las olas, las gaviotas y la brisa, con un sonrisa perenne en los labios. 

A beach house :)
(Autoría de la foto desconocida)

Una casita en la playa (California)
living room with large stone fireplace and white slip covers on furniture and blue striped run
Un salón con vistas al Pacífico
Descanso en la playa
Outdoor dining. Pergola wood table.  Lanterns hanging on wall.
Un buen lugar para comer o cenar. (Autoría de la foto desconocida)

Terminar el día así debería estar médicamente recomendado en cualquier lugar del planeta, de la costa o de interior. Se vería mucho menos la tele:

Anochecer en la playa

Descansar y relajarse está muy bien. Pero al poco la actividad llamaría a nuestros corazones, al menos al mío. Como aquí tengo la ventaja de creerme lo que pongo sin tener que pasarlo mal, entre algunas de esas actividades que dudo que pueda/quiera hacer algún día está el surf. Me fascina. 
Y no sé qué tiene la primera foto que me provoca unos deseos totalmente inconscientes de lanzarme a hacer compañía al surfista. Creo que mi grito de júbilo se iría transformando en uno de pánico pero bueno, qué más da, las burbujas de agua ya se encargarían de silenciarlo (porque tendría que cerrar la boca para no tragarlas):

Nov 28 11 Inspiration / Things We Love — No comments    MIKOH INSPIRATION | DUCK DIVE
Autoría de la foto desconocida
Surf girl..,
Autoría de la foto desconocida
Flynn Novak... in Tasmania...
En Tasmania. Autoría de la foto desconocida
What the world looks like when you are Kelly Slater.
Kelly Slate, autor de la proeza. Autoría de la foto desconocida

¿Y por qué este atracón de playa, mar y ambiente veraniego? Tengo que ser sincera, no es algo que me apetezca hacer hoy, es algo con lo que vengo soñando despierta desde hace meses. Constantemente me asaltan imágenes y sensaciones de viento en la piel, arena, calor y sal. 
En cualquier momento: cuando voy camino del trabajo por una gris acera donde azota el viento y la lluvia, cuando estoy sentada en la oficina delante de una bonita, lineal y predecible hoja de excel, comiendo delante de la tele, cuando cierro los ojos al acostarme... Este invierno se me está haciendo muy largo, muy duro, muy agobiante, muy intenso, muy largo otra vez (es que se me hace muy largo). 
Tengo una visión distorsionada este año de la estación invernal, me tengo que recordar a mí misma que estamos acabando febrero y que la primavera, aunque pronto, todavía no llega y que debe hacer el tiempo que hace. Me tengo que recordar que a mí no me gusta el calor asfixiante del verano, al menos en Madrid, pero da igual, mi cuerpo pide calor solar, los sonidos amplificados del buen tiempo, pocas capas de ropa y ver rostros animados más allá de la punta de la nariz que últimamente dejan asomar las bufandas y los gorros. 

Como punto final cierro con un timelapse de Suso Ben sobre algunas playas de la costa norte de España, que aquí también molan. Me produce aún más nostalgia si cabe porque algunas las conozco y hace casi dos años que no he vuelto salvo por una escapada exprés de un día que hicimos así en plan acto de locura aventuril. Aisssss, snif.... 
El ritmo propio del timelapse no es muy acorde con la sensación de equilibrio y paz interior que siempre alcanzo cuando estoy allí ni tampoco el tema escogido de Moby es el más sugerente -que los tiene, se me ocurren unos cuantos más apropiados- pero es un buen resumen. 

Me veo poniendo en casa la calefacción a tope y paseando mi palmito en bikini con el flotador a la cintura para hacerme la ilusión de que ya llegó, ya está aquí, el buen buen tiempo de verdad. 

16.10.13

Cuando el teleoperador (o teleoperadora) se olvida de que tiene ese recurso tan valioso llamado cerebro

Vía: Engadget
Hoy vengo a contar una situación surrealista y de un sector más que comentado aquí y allende los blogs:

Ser teleoperador no es incompatible con hacer uso de ese recurso tan valioso como es el cerebro

La frase es larga, lo sé. Pero seguro que no tan larga como puede hacerse una conversación telefónica de ciertas características.

Poniendo un ejemplo concreto, estás en la oficina, cogiendo llamadas, atendiendo diferentes asuntos y una de esas llamadas es la "llamada del horror".
Puede ser que por la práctica que adquieres cuando has hecho algo muchas veces en tu vida, terminas siendo capaz de reconocer el contenido de una llamada o el motivo de una visita solo con los primeros segundos de contacto.
No hablo de un superpoder. Seguro que todas aquellas personas que llevan tiempo desempeñando las mismas tareas lo comparten.
En algunas tareas en concreto te conviertes en un "superespecialista". No te servirá de nada en la vida pero la habilidad se tiene, te guste o no.
De este modo yo ya sé por diferentes factores y en los primeros segundos de la llamada si la que toca es de tipo comercial (a veces me equivoco).

Aceptamos que las personas que se dedican a hacer llamadas para ofrecer productos y servicios se enfrentan a un porcentaje alto de respuestas digamos, no agradables (muchas veces bien groseras). Es cierto que tienen un guión, que estos puestos de trabajo no están pagados como para pegarte la gran vida, que la empresa -a veces empresas- para la que trabajas te escuchan y/o te graban para mantener una supuesta calidad, que te presionan para llegar a unos objetivos, bien de ventas o de volumen de llamadas, y que es muy raro encontrar a alguien a quien de verdad le apasione. Puesta toda esta comprensión por mi parte lo que se me hace imposible de soportar son los teleoperadores (y teleoperadoras) que viven en realidades paralelas.

Y voy a mi flamante llamada de ejemplo para ilustrar lo que quiero decir. Descuelgo y después de la fórmula oficial para "dar la bienvenida" me preguntan por una persona que antes trabajaba en la oficina pero ya no y coincide que tiene el mismo nombre que otra que sí continua.
En un despiste por mi parte le digo que sí pero que no está físicamente. Me preguntan que cuándo pueden llamar otra vez, que me dejan un teléfono de contacto, bla bla bla...y mi atención remota, -esa que parece que no pero se acaba enterando de todo aunque a veces sea más lenta que la inmediata; la que nos permite recordar dónde nos dejamos las malditas llaves o las gafas- se percata del error. Vuelvo a preguntar el apellido y le explico que no, que esa persona no trabaja en la oficina, que la he confundido con otra.

Lo que oigo en respuesta es: "otras veces hemos llamado y nos han dicho que sí" -Aquí se masca la tragedia.
-"Le habrán dicho que sí pero ya no trabaja aquí. De hecho todas las veces que han hablado conmigo ya les he dicho que no" (No han sido pocas veces, por cierto, parece que cuatro veces no son suficientes para poner al día el registro). " Le han dado mal la información".
-"Ya pero es que otras veces nos han dicho que sí trabaja esta persona. ¿Podría pasarme con el departamento de recursos humanos? Para confirmar que esta persona ya no trabaja con ustedes y borrar su teléfono.
-"Lo siento pero no puedo pasarle y ya le confirmo yo que esta persona no trabaja aquí."
-"Bueno, volveremos a llamar en otro momento para hablar con recursos humanos" -lo que quiere decir que volverán a llamar en otro momento en que a ser posible no conteste yo.
-"Muy bien pero la información va a a ser la misma"

Por supuesto todo esto dicho por parte del teleoperador en ese tono monocorde que siempre me hace pensar en los serial killer, que ni empatizan, ni entienden, ni sienten, ni padecen. Ellos tienen una misión y ya puedes estar contestando la llamada mientras te hacen un empaste sin anestesia que no cambian el tono.
(Afortunadamente hay muchas otras personas que hacen muy bien su trabajo, estén encantadas con él o no.)

No seré yo quién dé lecciones de marketing telefónico pero desde luego una venta, contacto, o lo que sea que quieras conseguir -de clientes mejor ni hablemos- no se hace manteniendo un pulso verbal con nadie que sabe mejor que tú de lo que estáis hablando. Que a pesar de todas las presiones habidas y por haber detrás de esa voz que llama tiene que haber flexibilidad, creatividad y amabilidad.
No hay que morir con el guión puesto y subjetivamente empeñado en concluir la llamada con la idea que tenías en mente de lo que querías conseguir antes de que la empezaras.
Así se saltan uno de los primeros pasos, esencial, impepinable, el primer mandamiento de cualquier llamada comercial: escuchar al interlocutor.
¿No parece tan difícil no?

[Nota: Volvió a llamar el mismo tipo al día siguiente y volvió a argumentar igualmente que otras personas le habían dicho que sí trabajaba aquí mi ex-compañero. Ya tengo ganas yo de saber quiénes eran esas personas...¿Los amigos imaginarios?]


26.7.13

Las verdades enteras


Hace poco me he encontrado a mí misma preguntándome en diferentes ocasiones qué tal nos iría si dijéramos lo que realmente pensamos más a menudo. 
Y dándole vueltas es más complicado de lo que parece. Cuando te fijas hay muchas situaciones en las que resulta más sencillo no dar una opinión directa y completa, dejarlo correr o no profundizar demasiado. En parte porque en las conversaciones entran los supuestos y sobreentendidos. Utilizamos al día muchos más puntos suspensivos de lo que creemos y muchas frases hechas cuyo significado matizamos por el contexto, la comunicación no verbal...y por un montón de cosas que no tienen nada que ver como el ánimo con el que nos hayamos levantado, lo que ya pensamos previamente de la persona y su vida, de la nuestra, etc etc etc. Por lo tanto no es de extrañar que muchas veces, cuando la conversación con el tiempo se traduce en hechos concretos, decisiones, respuestas...haya malentendidos, mosqueos, cabreos, rebotes y decepciones. A mí lo que me asombra es que no sean mucho más habituales. 

No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones. François de la Rochefoucauld

Por otra parte creo que esto se responde porque generalmente tenemos un monólogo externo que en realidad versa sobre cosas intranscendentes. Tendemos además a quejarnos mucho, también porque es lo que principalmente tenemos en la cabeza, resolver nuestros problemas, y la mayor parte de las cosas de las que hablamos no trascienden a los demás, son asuntos nuestros donde los otros poco pueden hacer para cambiar nada salvo darnos ánimo o sugerencias (algunos no dan nada de nada, ni escuchan, pero ese es otro asunto).

"Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de valor". Oscar Wilde

Yo por ejemplo suelo no participar demasiado en conversaciones que por antemano ya sé que en el mejor de los casos son conversaciones perdidas y en el peor acabaríamos a ostias (con perdón). Como es el caso de las corridas de toros. A mí me parece un espectáculo aberrante. Nunca he entendido qué placer hay en ver sufrir a otro de una forma real (no de mentirijillas, ni cuando las dos partes consienten y aún así dentro de unos límites). 
Una conversación entre un pro taurino y yo no tiene caso. Es una de esas conversaciones perdidas. Lo primero que nunca llegaremos a un acuerdo y lo segundo que a mí se me va a encender el interruptor y no tengo ningún interés en tener que sacar el extintor para apagarme el fuego. Si ya sé el resultado no me desgasto. Encima puede que sea una persona a la que voy a tener que ver a menudo y tratar en un contexto en que no puedo elegir, y verle la cara todos los días me va a costar un mal trago.

Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema. Winston Churchill

Pero luego ves a los niños pequeños y esos se caen mal, o se quitan los juguetes, se dan dos tortas y luego tan amigos porque han conocido los límites y han llegado a una especie de acuerdo tácito.

Yo me tengo por una persona que suele decir las cosas con tacto, depende de interlocutores, temas y circunstancias. Pero cuando alguien me pregunta mi opinión directamente o flota en el aire "todo el mundo piensa lo mismo pero nadie lo dice" a mí me parece muy triste callar o salir por la tangente, en general. Si algo puede ayudarme a esclarecer mis ideas espero que me lo digan. Sin confundir sinceridad con brutalidad, gracias, que tampoco es necesario hundir a nadie en la miseria. Se trata solo de dar una opinión, no de resolver un conflicto nuclear a nivel mundial. 
A pesar de buscar la mejor manera posible de decir las cosas más de una vez me han dicho que soy una persona directa en mis opiniones pero es que "el que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla" (Manuel Vicent), que una cosa es decirlo con cierta delicadeza y otra acabar diciendo todo lo contrario por no molestar. 

Presta el oído a todos, y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión. William Shakespeare

Llevo un tiempo en el que trato de ser lo más honesta posible conmigo misma y con los demás. Me he dado cuenta de que muchas veces en el pasado he dicho cosas que se alejaban más de la idea original por no herir, ser rechazada o pensar que iba a sonar desagradable (a veces la verdad lo es pero es que no siempre hay varias alternativas). Luego me he sentido estúpida cuando sin ninguna necesidad he tenido que escuchar opiniones (que se acercaban a la realidad o no) manifestadas de forma despectiva y gratuita y que seguro no han perturbado el sueño de la persona y a mí me han dejado casi en estado de shock.
Así que sinceridad, honestidad, sí; por supuesto con educación siempre, es universal y gratuita.  No a los descerebramientos verbales.

Pesa las opiniones, no las cuentes. Séneca

Y para terminar un mini test. Sois de los que:
- "Yo siempre digo lo que pienso. La verdad duele. Tómate una aspirina"
- "A mi plim. Yo siempre estoy de acuerdo en todo"
- "Yo prefiero no opinar...Por no discutir...Bueno, en realidad es que lo que te diría está censurado por blogger porque esta entrada y el blog son una #*!/"@...y un jfl&%sdf$...!!!






(Lazo negro en apoyo a las víctimas y familiares del accidente de tren en Santiago. 
Conseguido en internet: autor desconocido)

2.7.13

La extraña pareja

¿Qué sucede cuando una escarabajo pelotillo y una gata deciden formalizar sus felices años de convivencia? Pues que 

¡SE CASAN! 

Sí, queridos míos, sí. El principal motivo de que me hallara sumida en un casi completo silencio por este espacio es que estaba ocupaba preparando nuestra boda. 
Pero claro, no era suficiente con preparar una boda, encima me había empeñado en hacer artesanalmente todo lo que estuviera a mi alcance y más allá, para darle un aire distinto y darle nuestro sello de identidad. 
Es cierto que por otra parte y desde hace tiempo estoy metida en cambiar mi quehacer laboral por otro que oriente mi lado creativo y económico y que perfectamente por sí solo puede ser un buen motivo para tenerme alejada de mis pulsiones escrituriles pero no ha sido el único. 
La nada desdeñable tarea de organizar la parte formal (esto ha sido lo más sencillo y rápido) de una boda sencilla (menos mal...!) y de construir todo lo demás me ha absorbido completamente de modo que aunque echaba mucho de menos escribir aquí no me quedaba ni una gota de imaginación ni ganas para seguir saltando de idea en idea.

(Y permitidme el inciso: qué gusto, qué sensación tan agradable estar aquí escribiendo de nuevo, soltando carrete por el mero gusto de hacerlo...! Tenía ya un picorcillo en la punta de los dedos, una inquietud en el alma y un escozor en los ojos cada vez que miraba mi teclado semi arrinconado y únicamente útil para teclear frases cortas, comandos eficientes o para complementar los clics de ratón necesarios...!)

Todo lo que he hecho lo podréis seguir aquí, a medida que lo vaya publicando, si no os aburre mucho el tema. 
La verdad es que planificar esas entradas ha supuesto vivir la ilusión una vez y media. La media vez porque cuando estás enfrascada dando forma a esas ideas que como mariposas alocadas revolotean por tu cabeza, con un ojo puesto en el calendario y preguntándote de vez en cuando si llegarás a terminar todo a tiempo, te acuerdas de eso que se dice tan frecuentemente de "no te agobies y disfruta, que luego se ha pasado y ni te habrás enterado y lo bonito es hacerlo con ilusión". Y eso está muy bien pero no se puede leer un libro y hablar a la vez. 
La parte de ilusión entera es porque a pesar de no haber podido siempre disfrutar del proceso (que digan lo que digan medio disfrutas medio respiras aliviada cada vez que ves una cosa terminada y no antes) lo puedo hacer ahora por completo al contarlo, al subir las fotos, porque ahí revivo cuando lo hice pero sin la presión de tener que llegar a tiempo. 

Sea como fuere ya soy Sra. de Pelotillo y él es Sr. de Wom. Yo he prometido no jugar con él cuando esté distraído, nada de lanzarlo por los aires a traición, y él ha prometido cambiar de trabajo. La única condición que le puse hace ya mucho tiempo es que si tenía que seguir amasando esas pelotillas orgánicas de dudosa procedencia lo hiciera con guantes en todas sus patas y si no no entraba en casa, siempre previo paso por la ducha y la sala de desinfección. Él dice que ahora sí, que es su momento. Yo digo que a ver si con suerte amasa...una fortuna. :)

¡¡Cuánto os echaba de menos!! ♥ :D

8.4.13

Despertador gatuno

¿A quién no le gustaría que le despertaran así?



A mí me encantaría. Sería una muy buena forma de empezar un lunes. :))
(A través de www.cosasdegatos.es)

27.2.13

Tiempo a la carta

[reloj]
Seguramente más de una vez habéis tenido la sensación de que en el día os faltan horas para hacer cosas. Y en otras ocasiones hubierais deseado que el tiempo pasase rápido, ¿verdad?

Pues pensando en que llevo varios días -semanas- durmiendo poco y mal me he acordado de que esta mañana he tenido un pensamiento de esos que prefiero no tener. Un pensamiento resignado de los de "acabo de levantarme y estoy deseando que llegue el momento de terminar la jornada. Ya solo tengo que esperar a que pasen las horas de trabajo y cuando quiera darme cuenta,¡ zas! ¡estoy en casa!"

Como podéis ver es un pensamiento resignado pero optimista porque eso de que "cuando quiera darme cuenta estoy en casa" nada de nada. Cuando quiera darme cuenta ya me estoy dando cuenta de que el tiempo no pasa ni persiguiéndolo. 

A colación de todas estas miserias ¡que útil sería para hacernos seres más simpáticos y sociables poder mover el tiempo a voluntad!. 
Estaría fantástico eso de decir: "A veeeer....me quedan cuatro horas de trabajo aburrido, voy a hacerlo deprisa y a la vez que yo me esfuerzo un pelín el tiempo pasa rápido" Pero rápido de verdad, y programable. Que ya se sabe que cuando tienes mucho trabajo el tiempo vuela pero no tanto.
Y que cuando necesites terminar una tarea que te ha exigido concentración y con fastidio vas a tener que dejar inacabada hasta vaya usted a saber cuándo poder alargar el tiempo, programar el reloj y hacer que esos veinte minutos escurridizos se estiren lo suficiente para dar los últimos toques. 

Si alguien sabe de algún invento que consiga hacer esto que me escriba y si no mientras tanto que me recete algún truco para dormir del tirón y mejor si son siete horas diarias. 
...O si no mejor directamente que me pase el invento y ya me encargo yo de programarme el sueño ;)

(Entre la falta de inspiración que tengo últimamente y ponerme a escribir en estas condiciones me voy a prohibir a mi misma acercarme al blog)

7.2.13

Devorador@s de historias ~ Christine

Christine es un libro que estaba en casa, bien guardadito en un mueble y reorganizando el espacio salió de su confinamiento a la luz.
Lo vi y recordando la recomendación de Ángeles lo aparté para ponerlo en la cola de lectura.
La historia, respetando el deseo de descubrirla para aquellos que aún no la hayan leído, se centra en la vida, a finales de los 70, de dos adolescentes amigos que también comparten trabajo ocasional y tienen puestas sus miras en su próximo ingreso en la universidad. Hasta aquí todo normal pero en realidad no se tarda en averiguar que de normal hay pocas cosas en lo que se va a leer. 

Uno de los amigos, Arnie, es el típico chico nada agraciado, en el peor momento físico de la adolescencia, tímido e inseguro sobre el que recaen todas las burlas y pésimas ocurrencias de colegas de instituto con instintos poco civilizados.
Que sea tímido e inseguro encaja más aún al descubrir que es hijo único de dos padres absorbentes y controladores, en especial la madre, que han hecho muy bien la tarea de anular la voluntad y personalidad del chico para dirigirle a su antojo.
Su compañero, Dennis, es el único amigo verdadero que tiene, el que ve cualidades positivas en Arnie y trata de defenderle y ayudarle a salir adelante. 
Pero un día se cruzan con un coche a la venta estacionado en la propiedad privada de un ex militar y a partir de ahí todo cambia a peor. Es un coche que sería más apropiado encontrar esperando el desguace pero por el que Arnie siente una atracción tan intensa que decide comprarlo poniendo desde ese momento en juego muchas cosas de su hasta ahora predecible futuro.

Algo es distinto en el coche, algo empieza a cambiar en Arnie y sucesos inexplicables empiezan a suceder alrededor de ambos. 

Ya desde mi opinión personal diré que como siempre King a veces alarga hasta el extremo de rozar el aburrimiento momentos puntuales del libro, especialmente al principio. Entiendo que pretende crear un contraste en el ritmo para los acontecimientos que se irán sucediendo después y que puede ser intencionadamente (o no, es una suposición mía) una buena forma de crear un efecto "aceleración" acorde con el protagonista principal de la historia que es el coche. Pero a mí a veces me distrae.

Sin embargo considero muy positivo el trabajo hecho con respecto al narrador, siendo contada la historia desde la voz de uno u otro personaje pero de una forma tan hábil que te das cuenta después. Es como si fueras un testigo mudo e invisible que va acompañando a todos los personajes que tienen voz narrativa.
Notoria es la "banda sonora" que acompaña a la historia.

La parte más intensa sucede en los días de navidad que es cuando precisamente yo estaba leyéndola y no sé si el espíritu del libro me contagió pero paralelamente (oh! microcasualidades!) sucedieron acontecimientos en mi vida que me hicieron pensar con alivio en que no tenía semejante artilugio en mi poder porque algunas personas podrían haber sido objetivo de un coche como éste capaz de tomar sus propias decisiones. Son esas cosas que piensas en un mal momento y que luego afortunadamente olvidas. 

El final responde a la lógica interna de la historia y a mí me resultó especialmente grato porque me pareció aún más verosímil. Le daba a la historia frescura, me hizo imaginar a Stephen King escribiendo un gran relato de taller de escritura. Por supuesto intuyo que hay un gran trabajo detrás y por todo ello me ha parecido una libro tan recomendable.:)
Fue llevada a la gran pantalla en 1983 de la mano de John Carpenter.


4.2.13

Utopías [Las vidas que no he vivido] ~ Encuentro en París

Me bajo en la estación del TGV y mi pequeña maleta de ruedas repiquetea en el andén  recortando suavemente la luz que lo inunda mientras consulto mi smartphone para chequear las últimas notificaciones recibidas. Al mismo tiempo intento localizar un plano para ver qué salida de la estación es la que me interesa utilizar. Voy bien de tiempo pero estoy nerviosa. Es la primera vez que viajo fuera de España porque alguien se ha interesado por mi trabajo. 

Aún recuerdo los años de incertidumbre...Bueno, la incertidumbre y yo nos hemos hecho inseparables, parece que es irremediable que me acompañe así que ya me voy acostumbrando a ella. Pero recuerdo los años de tener la sensación de trabajar y trabajar para nada, de intentar hacer algo con aquellas ideas locas y que nada pareciera cuajar. 
Hasta que sin ser consciente de ello el trabajo empezó a crecer y a crecer por sí solo, los pedidos a aumentar y las horas de sueño fueron sustituidas por horas de luz artificial, aguja, telas, hilos, dibujos, diseños, fotos, sonrisas quebradizas producto del cansancio, mucho tesón y mucha ilusión. 
Lo que más me asombra es la naturalidad con la que asumí la nueva situación. Quizás es que lo deseé tanto que me pareció lo lógico y en seguida me hice cargo de la nueva presión, de los desajustes de horario y de observar mis emociones desde el cristal de la lógica, que las mantiene a raya al otro lado. Creo que aún no he tenido tiempo para reaccionar ni para pensarlo en su magnitud pero quizás también sea por miedo a que la ensoñación se esfume.

Ésa parece la salida....Ah, sí, veo una parada de taxis. Es agradable escuchar la melodía del idioma francés alrededor. Es como una suave banda sonora de la ciudad que me empuja a flotar con ella. ¡No se nota que me gusta París!

Me desprendo con cierta reticencia de mi maleta para que el conductor la meta en el maletero. Ahí va una gran muestra de mi trabajo y parte importante de lo que se decidirá en las próximas horas. Ya dentro del automóvil le doy la dirección al taxista y me acomodo en el asiento arrebujándome en mi abrigo de paño rosa palo mientras miro sin ver mis tacones de charol negro. 
Intento no pensar en nada, la reunión es inminente. Mi dominio de la lengua francesa no es tan grande pero debo estar tranquila, hemos hablado por teléfono, ya se habrán hecho una idea de que nos podemos entender sin que sea capaz de recitarles La Chanson de Roland. He recorrido un largo camino hasta aquí y esto, pase lo que pase no será un final, será un cambio de rumbo. 

Respiro hondo y me concentro en mirar por la ventanilla, impregnándome de la luz única de la ciudad gala. Intento apropiarme de esa combinación tan saludable que se vive aquí de quitar dramatismo a las cosas serias y a la vez de responsabilidad mientras el taxi devora los kilómetros que me conducen a una etapa que antes no era ni capaz de imaginar. 

Me doy cuenta de que aferro mi móvil con fuerza y una liviana sonrisa se dibuja en mi rostro.

21.12.12

Breve reflexión pre-navideña

Foto de Efe
Ayer pensaba en la lotería. Todos los años por estas fechas, compramos décimos soñando con los pequeños o grandes cambios que supondrían nuestros billetes premiados.
Pero este año la lotería más que para soñar serviría en muchos casos para dejar de sufrir.

Dejar de pasar noches en vela viendo como se acerca el fin del cobro de la prestación por desempleo y aún sin trabajo. 
Dejar de tener una bola en el estómago viendo que la alimentación de tus hijos es de supervivencia.
Dejar de recurrir a la generosidad de los familiares.
Dejar de disimular el brillo de una ropa demasiado gastada por el uso.
Dejar de recortar en gastos "superfluos".
Dejar de engullir la vergüenza que lleva implícita un desahucio o recurrir a un comedor social.
Dejar de tragar con situaciones injustas antes e injustas ahora en el trabajo porque "ahora está todo muy mal". (Para esta situación y la siguiente hace falta un buen pellizco).
Dejar de ajustar tus enfermedades a los días que puedes permitirte faltar al trabajo por si acaso.
Dejar de quedarte en casa las próximas vacaciones de verano después de un año de trabajar más horas por menos sueldo si no tienes familiares o amig@s con casa fuera que te ofrezcan la alternativa.
Dejar de ver cómo la cifra de tus gastos devora a la de ingresos lenta e inexorablemente.

Y podría seguir pero esta entrada la he titulado "breve reflexión". 

Estaría bien que nos tocara a todos un poquito en vez de que unos pocos amasaran grandes fortunas. Sería un ejemplo muy significativo a seguir a todos los niveles (todos, los más altos los primeros) en estos tiempos que corren.

Sé que es improbable pero por si acaso no es imposible:

Feliz premio de lotería para tod@s.

13.12.12

Devorador@s de historias: Come, reza, ama


Lo mío con las micro-casualidades es algo a lo que ya me he acostumbrado y me parece natural.
No es raro que esté interesada en un tema y a los pocos días aparezca una tertulia en un programa de radio, una letra de una canción, o me tope con un libro o una película que hablen sobre el mismo asunto.
A veces estas casualidades son superficiales. Simplemente pueden consistir en haber leído, por ejemplo, que el rastro de Amelia Earhart en su último vuelo se perdió cerca de la isla Howland y el mismo día o al siguiente encontrar por casualidad entre los diferentes canales de televisión -y son unos cuantos, tantos que pruebo al azar porque no consigo aprendérmelos nunca- un documental que habla sobre esta isla y por casualidad he llegado allí en el minuto del programa donde empiezan a mencionarla. 

De forma más relevante, otras veces mi curiosidad se obsesiona, por ejemplo, por cómo conseguir mantener un equilibrio interior que vaya más allá del período de vacaciones. (Esto siempre ha sido una curiosidad pero desde hace unos años se ha convertido definitivamente en una obsesión.)
Obviamente los libros que escojo estarán orientados a satisfacer esta demanda y quizás hasta las películas pero una cosa es lo que parecen y otra lo que resultan ser. 
En este punto de la entrada espero que no haya un psiquiatra con exceso de celo leyéndome porque he de decir que...los libros me hablan. Sobre todo de un tiempo a esta parte.

No es la primera vez que paso las primeras páginas de un libro pensando si quizás debería estar leyendo aquel otro que también tenía buena pinta cuando, a medida que leo, encuentro claves que tienen que ver directamente conmigo. 
Entonces el libro se transforma. O quizás soy yo la que lo hace porque siento que ya no somos el libro y yo si no que me fundo con el contenido -en un sentido metafórico, señor psiquiatra- y se establece una conexión entre lo allí explicado y yo, como si lo hubieran escrito para mí. 
Me parecería perfectamente normal que en algún momento encontrara alguna frase que dijera algo así, como, "Mae, cuando hayas llegado a este punto recuerda lo que digo en el capítulo anterior: debes...".


Come, reza, ama de Elisabeth Gilbert tiene algo que me ha enganchado terriblemente. Probablemente se deba a similitudes en experiencias y en el modo de afrontarlas. Puede que también se deba a la curiosidad por saber cómo otra persona ha resuelto desde el punto de vista personal una situación e inquietudes parecidas. 

Una mujer de vida acomodada se encuentra en un matrimonio al que ha llegado por inercia y  puro autoconvencimiento y un día descubre lo inevitable, que no es el lugar donde quiere estar. A partir de ahí la búsqueda de su felicidad interior la llevará a recorrer otros caminos y otros lugares que definan lo que verdaderamente quiere.
(Puntualizo que las coincidencias con la autora no están en este aspecto...Por si acaso).

Recuerdo que hubo una película protagonizada por Julia Roberts y Javier Bardem basada en este libro pero todo lo que huela a comedia romántica me produce un cierto y automático rechazo. Es como los análisis de sangre, que con una o dos veces al año tienes suficiente para saber cómo está todo y no perderte algo importante.
Además Julia Roberts creo que ha llegado a eclipsar a sus propios personajes y con Bardem, en cada película tengo que hacer soberanos esfuerzos para sobreponerme al actor y reconciliarme con el rol interpretado. Siempre termina ganando su interpretación pero este conflicto hace que tenga sus películas al final de la lista de espera.  

A la protagonista y escritora de Come, reza, ama nos separan muchas cosas y por ello me he dejado llevar. Me he deslizado en su piel para ser testigo cómodo de su experiencia. Ya me gustaría a mí ir a buscar respuestas directamente a los lugares donde se supone que hay que buscarlas de primera mano, experiencia sensorial incluida, y dedicarme un año entero a mi persona.

He visto que en algunos sitios este libro lo califican de superficial, de facilón, de típica historia de mujer-de-buena-posición-con-una-visión-ingenua-de-la-vida-y-a-la-que-todo-le-sale-bien- ¡qué-casualidad!
Yo me lo he leído como un relato de reflexiones y vivencias que una persona ha querido expresar desde su propia experiencia y aunque hay cosas que si profundizo no me aportan nada sí hay pequeños detalles que me hacen reflexionar.
Como por ejemplo que procurar tu felicidad hace que dejes de ser un obstáculo para la de los demás. Esta frase me dio que pensar.

También he visto que se ha creado una corriente de seguidor@s (seguidoras, sobre todo) convirtiéndolo en una especie de libro de culto. Tiene su lado asombroso que a partir de la experiencia de una persona otras se animen a crear un punto de partida para ensamblar las piezas de sus vidas y tratar de lograr algo mejor.

No es un manual de yoga, ni un libro de autoayuda, ni una guía de viajes, aunque desde el punto de vista gastronómico Italia ha cambiado a mis ojos. No tiene más pretensiones que contar una etapa en la vida de una persona y yo tampoco le pido más.

Y por último qué mejor cierre que una imagen de la nueva vida de la autora:

Two buttons

15.11.12

Mejor cuanto más lejos

Avispa halcón (N.G.)
Los insectos y yo. Esos seres fascinantes, enigmáticos, tan diversos, tan complejos y tan simples a la vez. 

Sincerémonos. 

Esos seres fascinantes, enigmáticos, tan diversos, tan complejos y tan simples a la vez... Y tan raros, sobre todo tan IMPREVISIBLES, que no sabes si te van a saltar a la cara, volar al pelo, pegarte un bocado, inyectarte alguna sustancia tóxica, producirte urticaria o intentar huir con fatal resultado y acabar otra vez en tu pelo, en tu cara o en cualquier otra parte de tu cuerpo donde lo transportes alegremente ignorante de ello....Uf! Son extraterrestres en miniatura.

Así al aire libre, sin problema. Es decir, con espacio para correr si hace falta. Pero en espacios reducidos somos ligeramente incompatibles. Aunque hay tipos y tipos. 
No es lo mismo una mosca que...una mantis. Recuerdo dos ocasiones en que al abrir la ventana y subir la persiana descubrí a una preciosa mantis enganchada al borde, saludándome con la patita. Fueron dos veces muy seguidas, en dos ventanas distintas pero debió de ser la misma individua que estaba de exploración. No sé que tienen que me disgustan sobremanera a la vez que me atraen, pero no me atraen como para que quiera acercarme a ellas, confianzas las justas. 

No me digáis que no intimida. Aunque también podría
estar practicando algún paso de baile flamenco...
-Foto de blog-

Otro tipo incompatible con mi persona en un espacio pequeño...o grande...son las cucarachas. Con esa manía suya de correr precisamente hacia tus pies en el último momento, tan supervivientes ellas, tal afán reproductor y con tanta variedad de especímenes... Mejor no hablo de un documental que vi hace un par de meses...

Cucas (N.G.)
Una vez se me coló una en una zapatilla. Noté algo con el pie pero no supuse que sería lo que fue después. Como me molestaba metí la mano.....................
.........Y...aunque...son...tremendamente... suaves...ese recuerdo...me pone...la piel...de gallina....

Una razón añadida de que no me gustan los insectos en espacios reducidos, es decir mi casa, es que como convivo con dos gatos curiosones, -además de molones- no puedo usar insecticida así que recurro a Pelotillo que tiene un arte y un salero sin igual en eso de hacer que los insectos desaparezcan sin que ninguno resulte dañado en el proceso, bueno, contando con que las cucas sepan bucear. 

Así que esta mañana, en el metro, esperando pacientemente en el andén, advierto que en el suelo donde van apoyados los rieles se mueve campante una cucaracha rubia. Es insólito que la vea porque la que escribe tiene unas cuantas dioptrías y la cuca está lejos pero supongo que fue una reacción al movimiento. Algo se me removió por dentro a mí también y pensé con alivio que al menos estaba bien lejos y se movía en dirección contraria hacia mi. 

Pero justo después de pensar esto noté un movimiento descendente de algo que caía (después descubriría que era "algo que revoloteaba") a mi lado. Afortunadamente tengo dioptrías pero mantengo la agudeza visual que si no ni me hubiera enterado. 
O quizás fue que estaba predispuesta, el caso es que miré hacia abajo y detrás de mí acababa de aterrizar otra cuca CON ALAS y probaba suerte en el andén. 

No quise averiguar si era la misma que había visto antes o es que se están adueñando de la civilización y empiezan por el metro que como ahí todo puede suceder pasan más desapercibidas.
Despacio me fui moviendo desde mi sitio hasta colocarme en otro más estratégico con respecto a la cucarachización, no sin antes supervisarlo visualmente. 

La verdad es que tuve que contener la risa, seguramente nada que ver comparada con la que les tiene que dar a las cucas y a los insectos en general cuando nos ven huir despavoridos en su presencia. 


29.10.12

Cuando la fe sale a tu encuentro

Quien utilice el transporte público en Madrid habrá notado -imposible evitarlo- que desde hace unas semanas tenemos paros que suelen coincidir viernes y lunes para tremendo regocijo de los usuarios. Pero como los madrileños debemos de tener un tanto por ciento de mártires y también necesidad de desplazarnos seguimos usándolo a pesar de que de repente tengamos que intimar con desconocidos mientras ponemos cara de viaje en ascensor y buscamos inspiración en el techo, escudriñándolo con ahínco.

Esto de las huelgas de transporte público no lo acabo de entender muy bien. Se supone que se perjudica al usuario para que nosotros protestemos y hagamos presión o dejemos de usarlo en esos días pero: 

a. Está más que demostrado que las personas que tenemos que coger el transporte público da igual que sea huelga o no, hay que llegar al lugar de trabajo, citas, etc y sabemos de sobra que no sirve de nada protestar. Y en un vagón abarrotado de gente hay mucha tensión de por sí así que mejor guardar la calma. Se ve que los que hacen los paros no saben lo que es. 
b. Tal y como está montado el sistema de tarifas a todo lo más que podemos llegar es a saltar el torniquete de entrada y eso si no te cascan las rodillas, que no tod@s estamos para esos trotes. Pero digo yo, ¿para qué quiero arriesgarme a hacerme una fractura de menisco si precisamente porque uso el transporte público a diario pago el abono mensual? Que sería de idiotas con los precios que tienen ahora darse el lujo de hacer varios viajes al día con billete sencillo y ahora mismo es un lujo casi con el bono. Es un lujo viajar en transporte público en general.

Sea como fuere los que pierden son l@s viajer@s que pagamos lo mismo por un servicio peor y llegando tarde al trabajo.

El viernes fue un día glorioso. Sabiendo que las horas punta son las que más duelen y que los viernes hay empresas que terminan a las tres el viernes introdujeron una novedad: Poner precisamente los paros media hora antes y hasta dos horas después. 
De ese modo no había escapatoria porque a ver quién es el/la bonito/bonita que sale más de media hora antes de trabajar, tal y como está la cosa, sin tener casi que pedir un día de vacaciones. Sí, que esto de pedir un día es una exageración pero a mí ya me parece saña. Que con que empiecen a las tres ya hacen pupita. Que además están los paros encubiertos los días no oficiales de huelga.

Después de esta reflexión-pataleta que agradezco me hayáis dejado hacer por el bien de mi salud nos metemos en situación. 

Ahí que entro yo al andén y veo que está abarrotado de gente y leo con asombro que los paros se han adelantado como ya he contado. He quedado en el centro y no voy a llegar ni aunque me vuelva plana como un tallarín, que no conseguiré hacerme sitio porque vienen los trenes que no cabe una pelusa.

Así que como últimamente estoy buscando el equilibrio y mantener la paz interior lo dejo estar, si total cualquier viernes siempre hay algo parecido en condiciones normales. 
....Pero qué de mala vibración hay en el andén, que se percibe la negatividad.... Que como yo estoy tan sensitiva últimamente lo noto y todo así que yo sigo con mi plan. Concentración y paciencia, cero agobios, música en los oídos, observo las malas caras. Pasa por mi lado una señora rubia con el ceño fruncido, qué malo es esto para las arrugas. Yo voy bien, aunque pase el primer tren y mire con angustia cómo la gente se mete a presión, pero literal eh, que aquí no exagero. Que siempre pienso cuando lo veo que ojalá no falle nada en el viaje, que nunca pasa nada importante, pero que con tanta gente dentro no se salva ni el cartel de la inspección sanitaria. 
Pasa un segundo tren, en iguales condiciones. Lo dejo marchar. Tan bueno es no perder tu tren como saber cuándo dejarlo pasar. La señora rubia que está más o menos cerca de mí ha decidido esperar también, somos un@s cuant@s esperando y creciendo. La estadística no falla, hay que dejar pasar dos trenes si quieres llegar de una pieza a tu destino. Sigo escuchando música. 

Se aproxima la señora rubia. Supongo equivocadamente que quiere preguntarme algo. Blande un folleto que cuando ya me lo acerca a la cara leo: "Consuelo para el deprimido" mientras me dice: "Para que lo leas en tu tiempo de espera", con una sonrisa que yo siento a medio camino entre el embaucamiento y el autoengaño que ya hay que estar muy convencido de que alguien va a estar deseando leer algo así y más aún en plena huelga de transporte. Yo le dedico una sonrisa producto de mi experiencia (defecto) profesional en atención al público pero que acompaño de un "no, gracias". A mí ya no me convierte ni dios.

Debe de ser que me vio necesitada de iluminación o que me vio hecha polvo porque no se lo ofreció a nadie más y eso me dio que pensar...Pero como estoy simplificando al máximo lo pensé...unos segundos :) y me fui al final del andén que vi que el último vagón del segundo tren aún hubiera admitido dos viajeros más. Y efectivamente a la tercera me subí, apretada como una sardinilla pero con espacio suficiente para que los pulmones hicieran su función.