Después del paréntesis del fin de semana llega la cruda realidad y tenemos que volver a nuestras rutinas otoñales: trabajar, estudiar u ocuparse de las tareas del hogar, por poner unos cuantos ejemplos...
El fin de semana nos ha revitalizado, animado, hemos descansado -más o menos- y hemos podido ser un poquito "nosotros", sin las directrices impuestas por terceros, con libertad para disfrutar, entrenernos, ocuparnos en lo que fuera pero a nuestro aire.
Últimamente voy consiguiendo eso de superar el "síndrome del domingo". Seguro que sabéis de qué hablo: todo es perfecto el viernes y queda por delante un laaaargo fin de semana; el sábado estamos disfrutando a tope...pero el domingo ¡plof! de repente algo se te viene abajo -concretamente el ánimo, anticipando la tiranía de la semana-.
Ya casi he logrado dos fines de semana seguidos sin caer en la semi-depresioncilla anticipatoria. De hecho, este fin de semana me he felicitado internamente a mí misma varias veces por los logros, animándome así a seguir obviando los grises presagios.
...Hasta que ves esto:
...Y entonces piensas en que esta rutina es la rutina que ellos sí tienen todos los días.
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Tanto estressss por su parte me conmueve, ¡pobrecillo! |
...Yo lo entiendo, la vida de gato casero bien cuidado y mimado es muy dura. Hay que tomársela con calma que luego se pasa mal. Taaaan mal...
Y por si no te hubiese bastado con ver a uno, se une la otra, para que no se te pase por alto nada:
¡Feliz lunes!


