20.10.11

Devorador@s de historias: Memorias de África

¿Quién no recuerda a Robert Redford apuestamente vestido de Coronel Tapioca, seduciendo y encandilando con su planta y garbo a una Meryl Streep soberbia (soberbios los dos), de aire entre cándido y despistado tan apropiado para un personaje como el de ella?

Pues nada que ver con el libro original. Oí hace poco hablar de la película y me entraron ganas de volver a verla. Todavía no lo he hecho pero busqué el libro y empecé a leerlo.

"Yo tenía una granja en África, al pie de la colinas Ngong..." son las primera palabras y a partir de ahí empiezas a sumergirte en un mundo distinto, un libro distinto al que me esperaba.

He de decir que al principio la lectura se me hizo lenta y a veces el ánimo no está para esos ritmos así que dejé en suspenso la historia y me dediqué a regalarme la oreja con el mp3.
Pero no me gusta dejar un libro a medias. 


Creo que en mi vida he dejado a medias una decena de libros: El padrino, de Mario Puzo (prometo que lo he intentado varias veces y siempre lo dejo en el mismo punto); La Caverna, de Saramago (un libro sin capítulos es como un calendario sin meses, no sabes en qué momento estás); Mundodisco, de Terry Pratchett (no pasé del primero; sí, lo sé, aquí es cuando me matan: es buenísimo, divertidísimo, ingeniosísimo y yo no le quito ningún "ísimo" pero me aburre muchísimo, no de bostezar y eso, si no de empezar a pensar en poner la lavadora cuando llegue a casa, calcular si hoy por fin me dará tiempo a hacer yoga, o en darle cuerpo a la próxima entrada que voy a subir). Me dejo en la memoria otros pero no los recuerdo, quizás porque son como pequeñas manchas en mi expediente lector...

Retomé Memorias de África y poco a poco fui apartando de mi mente la ropa tendida, las posturas imposibles y las palabras desordenadas y me dejé seducir por el relato. 
La protagonista, la baronesa Blixen-Finecke, habla de sus vivencias en el continente africano. Danesa de origen se ha trasladado allí junto con su marido, del que poco se sabe durante toda la historia, y han montado una granja cuya principal finalidad es ser plantación de café.
A lo largo de sus años de estancia allí nos describe cómo son las diferentes tribus, sus costumbres, el choque cultural entre ella que es nórdica y la forma de vivir y pensar de los masai, los kikuyu, los somalíes...

La historia nos cuenta las visicitudes con las que se encuentra la autora en su quehacer diario, en medio de una población que es colonia británica, y desde la posición acomodada de baronesa aunque en su caso no es sinónimo de ociosa.
Es una mujer muy humana y atípica, divertida, de mente abierta, reflexiva y generosa la que nos va introduciendo en el país como una perfecta anfitriona, atenta a los detalles, haciendo que nos sintamos cómodos, relajados y comprendamos muy bien el cariño y la nostalgia que se traslucen en su discurso. 
Tal es el entusiasmo y el cariño que transmite que antes de finalizar el libro sientes que has estado allí, que has vivido con ella esas experiencias y que llevas un poquito de África en el corazón. Es una historia llena de sensibilidad, de ternura y sencillez, donde en más de un pasaje he tenido que contener las lágrimas de pura emoción. 

Suena cursi en la entrada (no soy tan buena escritora como la autora) pero para nada hay sensiblería fácil en la historia.

Hasta la mitad del libro yo buscaba esa historia de amor arrebatadora y apasionada que me trastornaría y me haría perder el juicio por la desesperación del lector/espectador (los que habéis visto la película más o menos me entenderéis) pero lo que encontré fue una historia sencilla, sobre gente sencilla y sobre acontecimientos sencillos que me ha enamorado totalmente pero de una forma tranquila y serena, como una conquista lograda poquito a poco, sin darte cuenta, sin aspavientos. 
La historia de amor está esbozada, pero tan sutilmente que casi pasa desapercibida y he tenido que leer información adicional sobre el libro para ver la conexión.


La película está inspirada en varios libros y entre ellos, dos son de la autora y protagonista, Karen Blixen. Es fácil reconocer qué elementos han sido escogidos de éste para la película, incluso el personaje que interpreta Robert Redford, y no me extraña en absoluto que los hayan aprovechado. 

Tengo un recuerdo ligado a esta película desde hace muchos años (cuando termine la entrada voy a ser la abuela de Matusalén). En uno de mis muchos viajes a Orense me fui una vez en tren, sola, en horario nocturno. Me apetecía vivir la experiencia (con el tiempo tengo claro que lo mejor de la vida es experimentar las cosas, es la constatación de que estás viv@).
Iba en asiento, no en litera, y no por nada creo que no volví a hacer semejante viaje nunca más. 

El caso es que conocí a una chica más o menos de mi edad, unos años mayor, que iba escuchando la banda sonora de la película. Se la ponía una y otra vez toda la noche y me contó que había tenido una relación con su jefe y que su jefe la había dejado y que no podía dejar de escuchar la banda sonora. Por lo poco que me contó deduje que su jefe debía de ser mayor que ella y que estaba casado, o simplemente recurrí en mi mente al tópico pero había algo contenido en la forma en que ella lo contaba que era del modo en que uno no cuenta algo que se sabe que no suena bien. 

Fue una situación extraña pues ella deseaba desahogarse y a la vez tampoco quería entrar en detalles, yo era una desconocida; por lo mismo yo tampoco insistí y la dejé contar lo que quisiera pero se veía que lo estaba pasando mal y me daba pena. Había algo de entrañable en que se pusiera la música de la película una y otra vez, como si quisiera retener en su memoria una existencia que había perdido y no volvería a recuperar. Como en el libro. 


10.10.11

Con otra mirada

Tal y como prometí aquí pongo la foto de mis gafas nuevas.

[La foto no es muy buena pero es que en casa tengo buena luz por las mañanas=cuando no estoy]

El búho no venía con ellas pero bueno a ver si así se me pega algo de la buena vista que les caracteriza. Podría haber puesto un águila pero no conozco ninguna, y si la conociese no me cabría, ni tampoco tengo ninguna en pequeñito. De todos modos a las gatas las águilas no nos hacen mucha gracia. Ni los búhos pero como éste estaba petrificado...

La verdad es que fue ponérmelas y mis ojos se relajaron al instante. La diferencia de graduación, a peor, ha sido poca, pero suficiente para que me molestara así que ahora puedo mirar feliz. Se me sigue cansando la vista si la fuerzo durante mucho tiempo delante del ordenador pero es lo que pasa con la vista, que con el tiempo se cansa.

Ya...supongo que con la foto de las gafas diréis: "ah, pues muy bonitas/muy feas/muy normales/muy gafas pero si no te vemos las cara no sabemos cómo te quedan" "Anda que no te gusta hacerte la misteriosa ni nada...".

Os podría decir que me hacen cara de pelotilla (es decir, intelectualilla), que todavía no me adapto bien porque antes eran de otro tipo y la montura completa de acetato requiere acostumbrarse, que me da vergüenza salir en las fotos, que si quiero mantener el anonimato pero la verdad, por una vez no creo que pase nada. 





Total, ya me habéis visto en mi foto de perfil.
¿Qué? ¿Qué tal me quedan?

6.10.11

Facebook y la máquina del tiempo



A día de hoy casi todo el mundo tiene un perfil abierto en facebook. Se podría decir que en muchos casos, privada y comercialmente hablando, si no tienes facebook no existes. Las redes sociales han experimentado un crecimiento imparable; cada vez estamos más localizables que nunca. Si a eso le sumamos iPhones y androids pierde todo su sentido aquello de huir a una isla desierta porque daría igual. Seguro que podrías hablar por teléfono, chatear, leer las noticias, actualizar tu blog, te podrían traer comida a domi-isla -chiste fácily podrías organizar tu propio rescate. 
Los naufragios han perdido todo el romanticismo.


A lo que iba. Yo soy más de twitter porque ante tanta saturación de información haría falta pasarse el día pegado al ordenador/iPhone/android/tablet/loquesea para estar al día y aún así no sé si sería suficiente. Lo dice alguien a quien le pone nerviosa leer el periódico porque como devoradora de libros que soy, tengo que leérmelo de cabo a rabo y eso es imposible y absurdo.

Twitter es muy agradecido porque es sintético, para empezar tiene límite de caracteres en lo que sería equivalente al muro de facebook, y por si fuera poco te acorta las direcciones web.  Sería como la aplicación de los titulares de los periódicos a internet permitiéndote escoger lo que quieres a un golpe de vista, incluso para mí que el periódico me lo tengo prohibido por motivos de salud.

Facebook me cuesta. Entro, leo y escribo alguna cosilla. Pero me cuesta.
He llegado a pasarme semanas enteras sin entrar. El formato me parece horrible, limitado, antiguo, rígido, lineal.
No le discuto la inmediatez y la capacidad de difusión pero no hacemos buenas migas.
Entre los peros le encuentro que tiene mucha jeta, cualquier aplicación que quieras usar la pagas dando vía libre a que el programa (o váyase a saber quién) acceda sin límite ni consideración a tus datos, y es más, permitiendo que ponga publicaciones en tu nombre si le apetece. 
Así que un día cualquiera podría yo entrar en facebook y encontrarme con que sin saber cómo estoy promocionando productos para pérdidas de orina, o la caza ilegal del marabú, o apoyando que repongan Verano Azul. Pues no, así que en mi caso, una vez que inicio sesión, poco puedo hacer  que no sea visitar los muros de los demás y dejarle unas palabras.
Y al final, si quieres preguntarle o decirle algo importante a alguien tienes que escribir un correo electrónico, por discreción, algo que puedes hacer perfectamente fuera de la aplicación. Si es que al final invita a la superficialidad sino parece eso un patio de vecinas cotillas.

La ventaja que tiene, repito, es la inmediatez. Me permite saber de mis amigas en la India o de todas aquellas personas a las que por falta de tiempo no puedo ver a menudo y así sé qué tal les va.
Bueno, o intuyo qué tal les va. Porque esa es otra. Mucha gente utiliza fb como escaparate (no me refiero a mis amigas en la India). Que con tanta foto cuando celebran un cumpleaños se les deben de derretir las velas en la tarta...si es que llegan a la tarta. Que se podría hacer una animación juntando todas las fotos y poniéndolas en formato vídeo y tendrían un corto..

Están l@s empalagantes: que si foto de perfil (no del perfil), que si foto de espaldas, que si ahora una carita, unos morritos, yo pasándomelo bien, yo siendo aclamado por mis colegas, yo luciendo palmito (mal) disimuladamente -que es de lo peor-, en definitiva, yo yo yo yo y qué bien me caigo... Que me parece bien subir fotos y compartir pero con naturalidad, hombre. Que esto es como antes cuando la gente se iba de vacaciones a sitios remotísimos y carísimos para contarlo después.

También están aquell@s que tienen tantos amig@s que podrían gestionar el departamento de personal de una multinacional. Lo admiten todo. Indiscriminadamente. Y luego no pisan fb ni para comprobar si ellos mismos siguen dad@s de alta. (Excluyo de esta categoría a la gente que realmente tiene much@s amig@s.)

Luego estamos los que nos dimos de alta por curiosidad, porque alguien nos insistió, por pasar mejor un rato de aburrimiento, y que nos dejamos ver menos por allí que por un hospital, no vaya a ser.

A pesar de todas estas razones un día me animé a escribir en un grupo de ex-alumnos de mi cole. De esa forma en que lanzas una botella al mar y lo que esperas es que se termine rompiendo. Pasaron los meses y aquello estaba más desierto que Los Monegros hasta que en septiembre la botella volvió; sí, hay vida en ese grupo y empiezan a aparecer antigu@s compañer@s de babi y escuela.

Entre todos -algunos más que otros entre los que yo no me encuentro- hemos ido reconstruyendo la memoria de esos años, a fragmentos pero ha sido (es) como vivir una especie de shock. Perdí la pista a casi todo el mundo de esa época y la vida me fue llevando por otros (a veces tortuosos y otras, satisfactorios) derroteros. 
He resucitado recuerdos que me parece increíble que aún estén ahí.  
Meterte de nuevo en la piel de una niña de 4 años -y de ahí en adelante- desde la perspectiva de una muchacha lozana, sabia, culta y despampanante, tal cual soy hoy, no es fácil (tampoco lo de ser despampanante, eh, pero lo llevo con humildad y modestamente como se puede ver).  
En consecuencia empiezan las comparaciones. No las malas, esas envidiosas, si no las de ver cómo han transcurrido las vidas de tod@s: "anda si ésta tiene hijos", "halaaa, qué poco pelo le ha quedado a éste...", "pero, ¡¿ésta es fulanita?! si no parece la mismaaa", en fin, ese tipo de cosas. (Es fácil comprobar que las comparaciones son para los demás que yo me sigo viendo como siempre pero eso supongo que le pasa a la mayoría)

Empiezas a pensar -vale, sí, yo, que soy una filosofona- qué momento importante de su vida coincidiría con aquél tuyo y cómo será su visión del mundo desde entonces y en qué diferirá de la tuya....Vamos, ralladuras de limón que tiene una. 

Luego están las noticias tristes, miembros del colegio que han perdido la vida y alguno que sigue vivo pero que se ha echado a perder y en realidad no sabe ni le importa si está o se ha ido. Entonces se te encoge el estómago porque es como si fuera algo tuyo aunque en realidad no con todos has tratado tan estrechamente. 

Y por último la gran duda: ¿qué quedará de aquellas fricciones, animadversiones, tiranteces o simplemente falta de afinidad de entonces? ¿Seguirán latentes en el punto en el que se dejaron? ¿Se habrán olvidado hasta el punto de no recordarlas? ¿La infancia es una fase pasajera en la que tenemos un comportamiento concreto y con el tiempo y las experiencias podemos llegar a ser bien distintos o el que tuvo retuvo? 

Yo tengo suerte porque como parece que al final de esa etapa me flashearon con el neuralizador de M.I.B....

...Aunque alguna cosilla recuerdo...

...A ver....

...Dejadme pensar.........

....Mmmmm....




27.9.11

Para no perder de vista




Necesito ver la realidad con otros ojos. Como no puedo cambiarme de ojos me cambiaré de gafas.
Llevo gafas desde mi más tierna infancia y a pesar de que actualmente y desde hace tiempo ya hay operación para corregir mi defecto visual no me apetece nada pasar por ello y menos desde que he sabido que, por ejemplo, una persona operada de miopía pierde algo de visión nocturna. No, no, no. Prefiero seguir viendo bien -con gafas- de día y de noche mal, como siempre pero no peor, que ya es suficiente.

Otra opción que me podría plantear sería ponerme lentillas. Lo consideré hace tiempo pero al final necesitas seguir usando gafas así que la mejora no era tanta. Por entonces no experimentaba las inexplicables sensaciones que me provoca la alergia pero evidentemente, pasado el tiempo, me alegro de no haber decidido usar lentillas. 


El caso es que durante el último año mi vista ha ido a peor. Quizás debido al puesto de trabajo que de ergonomía conoce las seis últimas letras -las que coinciden con economía-, a que el monitor tiene una definición que hace que la imagen esté un poco indefinida -otra vez el acertijo de ocho letras-, y a que me obliga todo ello a mirar desde muy cerca y esto hace que mi tiempo de trabajo parezca más grande de lo que es.  Así que cada vez que salgo de la oficina me siento deslumbrada por la luz y la inmensidad del mundo que está ahí fuera.

Como consecuencia me cuesta enfocar lo que veo, una buena metáfora sobre algunos puntos de vista que debo revisar.  A lo mejor un día descubro que ya no necesito gafas y me resista tanto a creérmelo que me empeñe en ponérmelas para seguir viendo todo tan confuso, que total es a lo que me he acostumbrado. En ese caso intentaré recordar esta entrada e iré poniéndoles mis gafas antiguas a tod@ con el que me cruce.

De momento iré a la óptica a ver si cuando salga lo veo todo mucho mejor. Debería comprarme unas gafas de montura rosa.


 [¿Por qué todas las fotos de gafas se hacen con las gafas "mirando" a la izquierda?]

15.9.11

Devorador@s de historias: Canción de hielo y fuego - Festín de cuervos

Doy por finalizada, de momento, la saga a la espera de que salga el siguiente libro: Danza de dragones.  Éste junto con Festín de cuervos constituyen una especie de dos tomos de los acontecimientos que se suceden simultáneamente en Tormenta de Espadas, y su continuación.

Para mí Festín de cuervos se puede resumir principalmente en dos sucesos: uno que no hubiera querido que se produjera y que no me esperaba para nada, y otro que estaba deseando y no llegaba nunca. 

Con algunos personajes este libro supone la confirmación de que me he pasado al lado oscuro porque aquellos que en un principio resultaron odiosos cuentan con mi más firme apoyo a estas alturas. Quizás es que hasta los lectores podemos ser cambiacapas.

Estoy deseando saber qué ha sido de todos esos personajes que no se han mencionado en este libro y de los que se hablará en Danza de Dragones; estoy deseando llegar al final de la saga. Tengo unas cuantas preguntas sin resolver que no formularé para no desvelar nada de la historia y estropear la intriga, que al final es lo que nos mantiene pegados a los libros.

Por el resto diré que el relato a veces me invita a evadirme pensando en elefantes con tutú, avestruces con chistera, a repasar mi lista de tareas pendientes o a recordar lo que hice el día anterior porque me distraigo irremediablemente. Creo que ya he dicho que tengo una gran capacidad de desconexión-evasión cuando algo no me exige concentración o no me entretiene lo suficiente así que seguimos igual. 
No obstante sigo aplaudiendo el enorme trabajo de documentación realizado por George R. R. Martin, su inagotable y precisa imaginación y su capacidad para organizar tanta información y no hacerse un lío, o al menos que no se note.

Me gusta releer algunos libros porque sus historias me gustaron o porque siempre se aprecian detalles que no se vieron en la primera lectura (a veces la segunda lectura provoca que la historia no parezca tan estupenda como la primera vez; no se sabe cuándo merece la pena acometer la tarea) pero en este caso creo que necesitaré que pase bastante tiempo porque algo de pereza sí que me da.

[No incluyo enlace porque
al final te enterarás de
que el asesino es el
mayordomo]

5.9.11

Viana do Castelo




Siguiendo con el tema de las vacaciones -se nota que me resisto a aceptar que se terminaron y de eso ya hace unas tres semanas- es de visita obligada pasar un día en Viana do Castelo, población portuguesa que nos viene muy a mano desde el centro neurálgico de operaciones vacacioniles.

Galicia es muy bonita pero la pega principal que tiene es que las carreteras no siempre son tan rápidas como gustaría y a veces tienes que invertir mucho tiempo en poca distancia. Esto hace que las posibilidades de pasar un día fuera, y no la noche, se vean condicionadas a la variable tiempo-espacio.

Viana tiene puerto, mucho encanto y un restaurante, O Pescador,  en pleno casco histórico, donde sirven un arroz com lavagante -arroz con bogavante- que quita el sentido y a un precio más que razonable. Allí se come pronto: a eso de las 12 p.m. ya dan comidas aunque en las zonas turísticas el horario se amplia a los hábitos españoles.

En O Pescador todo está bueno, hasta los entrantes. Es costumbre que, hasta que te sirven el arroz, te pongan tapas variadas que incluyen aceitunas aliñadas, porciones de quesos varios, patés -mi favorito es el de cangrejo- mantequillas con sal y diversos tipos de panes -mi favorito es el de maíz, podría vivir una temporada a base de paté de cangrejo y pao de milho*- y si pides un Muralhas de Monçao -un vinho verde estupendo- te lo sirven bien fresquito y entra tan bien que es probable que cuando llegue el lavagante acabes hablando con él como si le conocieras de toda la vida. 

Muestra de arroz com lavagante

Pero no todo es comer en Viana. Tiene un algo decadente que me gusta de Portugal. 

Mil disculpas si me repito pero curiosamente en la parte de Galicia que está cerca de Portugal, al menos en la que yo frecuento, hay cierto rechazo a la población portuguesa. Esto viene de épocas pasadas en las que la precariedad y mucha necesidad y como suele ser habitual en las zonas fronterizas, han provocado que habitantes de todos los pelajes se pasaran a Galicia y no siempre con satisfacción y alegría para los gallegos. Hasta tal punto es que se suele sobreentender que cuando un producto es portugués es portugués, es decir, de mala calidad. 


Por otra parte sería hipócrita no reconocer que la desconfianza hacia el pueblo vecino es algo que viene de lejos, prácticamente desde que el ser humano se ha unido a otros seres para formar comunidades, tribus, pueblos, etc. Ahora todo resulta más cercano, más próximo, ya tenemos un conocimiento más aproximado de las realidades que nos rodean y los mitos y leyendas provocados por el desconocimiento dan paso a otros producto de la sobreinformación. A mi la verdad, cuando oigo esos comentarios me parecen algo anticuado y que responden más a algo que se dice por costumbre que porque queden argumentos que lo sostengan.

Afortunadamente para mi visión políticamente correcta en la que todos los que podemos económicamente somos miembros de la Comunidad Europea esos prejuicios no existen. 
Ironías a parte es cierto que yo no tengo una visión tan local. Cuando viajo a un sitio que no conozco intento aparcar mis prejuicios y mirarlo con ojos nuevos. Yo no sé si todo lo que hacen en Portugal es de peor calidad o no. El calzado por ejemplo me parece un poco más feo pero quizás sea más cómodo, vaya usté a saber. A mí los portugueses me parecen como los españoles: unos mejores y otros peores, y hablando portugués.

Me gusta su sentido del color, a veces las combinaciones que hacen me parecen un poco contrastadas pero no se les puede negar alegría y vitalidad. Mezclan -al menos en lo que yo he visto- lo antiguo con lo moderno de forma que conviven con dignidad lo uno y con sencillez lo otro y me parece muy simpática esa costumbre a media tarde de dejar un ratito para el café y un dulce. Si pides un café te lo ponen en una tacita pequeña, apenas puedes coger el asa sin temor a que se escurra -imposible engancharla con algún dedo- pero tiene un buen sabor. Algunos cafés servidos en taza pequeña necesitan tres kilos de azúcar y siguen siendo amargos pero el que he tomado en los diferentes sitios en los que he estado de Portugal no.

Tienda de artesanía textil

Me gusta viajar a Portugal y la verdad es que me gustaría conocer otras regiones . Como siempre, me encantaría vivir una temporadita allí para sentir el latido de sus calles, sus gentes, sus costumbres.
Si es que tengo alma de rica bohemia...




*[Mi teclado no está en portugués y a pao le falta encima de la "a" el signo que hace que la eñe sea eñe y no ene]

1.9.11

Devorador@s de historias: Canción de hielo y fuego: Tormenta de espadas I y II


Este libro se divide en dos tomos. Yo me los he leído en uno solo y la verdad es que poco más puedo decir sin destripar el argumento. George R. R. Martin no defrauda: vuelve a mantener en tensión y a aburrir de vez en cuando.
Todo se complica y la "vida" de los personajes se va acumulando. Salvo los principales, de donde vienen algunos personajes secundarios cuesta recordarlo y sigo la lectura buscando pistas que me ubiquen con respecto a ellos.  La estructura de dividir los capítulos por personajes dejando el final de cada capítulo en suspenso produce la sensación de que cada capítulo es como un libro con una historia diferente, con esa sensación de lectura interruptus que te deja fuera de juego. Yo en ocasiones he tenido que dejar la lectura antes de lo que pensaba por la intensidad de los acontecimientos y porque saltar a otro personaje y meterte en su historia era incompatible.

Leyendo la historia de la saga realmente parece que estemos leyendo un libro de historia más que una novela por lo largo que es todo, por la cantidad de acontecimientos que suceden y por la postura objetiva y neutral del narrador y autor con respecto a la historia. Los personajes viven a su libre albedrío. Se casan se mueren y no hay favoritismos por parte del autor, no hay buenos ni malos, ni héroes ni villanos salvo excepciones. Como los mismos seres humanos, pueden cometer actos viles o desarrollar comportamientos heróicos; aprenden, evolucionan, cambian de opinión, se traicionan o se ayudan.
En línea con esto vuelve a mostrar aspectos positivos de personajes con los que en principio no te identificas haciendo que en contra de tu voluntad te encuentres deseando que algunos tengan éxito y les salgan bien las cosas. George R. R. Martin te lleva por donde quiere.

Sigue resucitando a los muertos y tiene la habilidad de no prepararte para lo que va a suceder no siendo extraño que estés leyendo un pasaje algo soporífero y de repente empiecen a pasar cosas que desembocan, en muy poco tiempo, en sucesos que intentas asimilar incluso cuando ya has terminado de leer esa parte. Infártico total.
Eso contribuye a dar la sensación de que como en la vida misma, los acontecimientos se suceden y a veces pequeñas decisiones, reacciones humanas y hechos fortuitos son el principio remoto de hechos irreversibles y de gran magnitud. 

De momento me queda por leer el último libro publicado. Por un lado necesito un descanso. Veo otros títulos, otras sinopsis y me atraen pero cada vez que retomo la lectura de Canción de hielo y fuego, es abrir el libro y me atrapan los cantos de sirenas; me dejo llevar, me dejo llevar, me dejo llevar....


(Para evitar estropearte la historia
en esta ocasión hacer clic en la imagen
no te llevará a
ningún sitio)