[Foto de www.directoalpaladar.com]
Mi gato Bruno es un machito de ojos azules al que no se le ha podido castrar (uf!) por cuestiones de salud. Mi gato y yo convivimos desde hace unos 5 añitos. Formó parte de nuestras vidas un año más tarde que Doña Croqueta y desde entonces nos han pasado muchas cosas juntos a los tres. Cuando Pelotillo llegó a mi vida -y a la de los gatos- no sabíamos cuánto iban a mejorar las de todos. La mía por descontado aunque yo lo suponía, pero El Señorito -o Bruno-, inocente y rebelde, ni lo imaginaba.
Como buen machito que es al principio le hacía pases de pelotillas a Pelotillo: cada vez que Pelotillo se arrimaba un poquito a mi allí aparecía Bruno, por detrás o paseándose sobre nuestras piernas, mostrándole orgulloso sus atributos felino-masculinos como dos madroños, marcando el territorio. Esto era lógico pues llevábamos los tres -los gatos y yo- un tiempo en agradable armonía y Bruno había asumido el papel que la naturaleza le decía que debía asumir.
A Doña Croqueta le pude poner el microchip al poquito de hacerle los chequeos pero Bruno no tuvo la misma suerte porque por entonces era un gato que no aguantaba ni cinco minutos cogido en brazos.
Como buen machito que es al principio le hacía pases de pelotillas a Pelotillo: cada vez que Pelotillo se arrimaba un poquito a mi allí aparecía Bruno, por detrás o paseándose sobre nuestras piernas, mostrándole orgulloso sus atributos felino-masculinos como dos madroños, marcando el territorio. Esto era lógico pues llevábamos los tres -los gatos y yo- un tiempo en agradable armonía y Bruno había asumido el papel que la naturaleza le decía que debía asumir.
A Doña Croqueta le pude poner el microchip al poquito de hacerle los chequeos pero Bruno no tuvo la misma suerte porque por entonces era un gato que no aguantaba ni cinco minutos cogido en brazos.
Recuerdo la primera sesión de análisis de sangre y vacunación. Fue cuando su veterinario me dijo que no se le podía poner el microchip porque había que sedarlo y como eso era incompatible con su enfermedad así se quedó.
Es cierto que Bruno, por el desarrollo de su enfermedad y por su carácter más nervioso vivía con más excitación los acontecimientos.
Pero claro, si ya ha protestado porque te llevan a un sitio que huele a canes, a animales varios y a desinfectante, hay otros especímenes nerviosos esperando como tú, y después un tío con bata blanca te pincha varias veces y vuelve a insistir, pues solo te queda ponerte de mala leche y plantarle cara al tipo ése que encima te ha encerrado en una jaula flexible para que no le digas cuatro cosas bien dichas. Bruno se enfadó tanto que se le soltó el collar y el cascabel salió volando por los aires.
A pesar de todo el carácter que a veces saca Bruno en la consulta siempre ha distinguido contra quién iba dirigido su cabreo y nunca se ha revuelto contra Pelotillo o yo; tenía muy claro que el veterinario era el objetivo, jiji.
Desde el momento en que Pelotillo se trasladó a nuestra casa la vida para Bruno ha sido una constante sesión de mimos, caricias, besos, achuchones y cachetitos varios y poco a poco nuestro gato se ha rendido a la evidencia y ha visto que por mucho pase de pelotillas que haga él es el segundo al mando en el mundo feromonil.
Han pasado cuatro años y con un buen código de machitos consolidado entre Bruno y Pelotillo, hace pocos días éste se animó a ponerle el chip.
Yo estaba un poco preocupada porque Bruno tiene más paciencia que antes pero no tanta. Sin embargo todo fue estupendamente y no solo le pusieron el chip sino que le cayeron dos vacunas a continuación y allí no saltó ni un bigote ni se vio brillar un uña fuera de su zarpa.
Ahora Bruno luce mucho más imponente aunque a mi me recuerda un poco a Chuck Norris con su chapa del ejército en una peli bélica.
¡Uy, ésta no era la foto!
Bruno Norris


