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14.9.10

Momentos Felices

Hay unos cuantos momentos en la vida en los que una toma conciencia del lugar donde está, quién es, quién ha sido y en los que haber llegado a ser quién eres parece la única consecuencia lógica en el transcurso de tu vida.

Son pequeños momentos, insignificantes, que en realidad poco tienen que ver con tanta trascendencia y están motivados por un sonido, una sensación o una imagen o por la mezcla de los tres, o de dos.

Son momentos en los que de repente te haces plenamente consciente de los objetos y del espacio que te rodean, incluso aunque estén fuera del alcande de tus sentidos, y te devuelven al centro de ti misma, dejándote la sensación por un breve instante de que todo está como debe estar .

No sé qué nombre tendrá esto o si yo estoy de atar pero al margen de la talla de mi posible camisa de fuerza son momentos que en mi caso se producen cuando:

-tu familia, amigos, seres queridos están charlando animadamente en el salón y tu estás en otra habitación para hacer algo que te tiene entretenida unos buenos cuantos minutos (no se produce el momento feliz si entras y sales rápidamente)
-estás muy cansada y te echas en la cama y oyes a tu pareja "cacharrear" en la cocina, en el salón o en otra parte de la casa
-estás muy cansada y aunque a ti te corresponde hacer una determinada tarea tu pareja amablemente se ofrece para sustituirte
-el sonido de la calefacción funcionando en una tarde de invierno
-te tumbas en la cama una tarde de invierno dejando una luz indirecta encendida, fuera de la habitación
-te despiertas una mañana del fin de semana y tu pareja y tú habláis largo y tendido en la cama
-te duermes en el sofá viendo una película que no te importa perderte
-te das una ducha caliente cuando el frío se te ha metido en los huesos durante horas
-llegas al coche al final de una excursión especialmente dura (se aplica para todas las estaciones del año excepto verano)
-recibes un "te quiero", un beso, un abrazo inesperado
-recibes un regalo sorpresa y sin venir a cuento, aunque sea algo insignificante
-te dedicas en cuerpo y alma a conseguir algo con tu trabajo y el resultado es como te lo imaginabas...o mejor (no tiene por qué ser el trabajo oficial, puede ser...montando una maqueta por ejemplo)
-descubres una fotografía, un cuadro, un diseño, un edificio, un libro que te deja con la boca abierta de un autor/autora que desconocías
-tu fisioterapeuta deja de apretar esa contractura tan dolorosa (ése es un mini-momento feliz, ¡pero qué momento!)
-lees en el sofá un libro gordo que te tiene atrapada y todo está en silencio; solo estáis tú y los personajes
-de repente oyes un ronroneo muy fuerte cerca de tu oreja y notas el cosquilleo de los bigotes de tus gatos que te buscan para un mimo
-tus gatos se arriman a ti buscando calorcito
-has preparado una receta y te ha salido tan buena que en el primer bocado ves las caras de sorpresa-satisfacción pero es demasiado pronto para que hablen
-te han preparado una receta genial y estás en ese primer momento
-descubres el doble significado, la pista, la trama oculta de una película o una novela
-estudias o trabajas en un proyecto propio en casa cuando ya todo el mundo está durmiendo
-preparas felicitaciones o regalos la noche de Nochebuena, cuando ya no queda nadie despierto (también vale que alguien se haya quedado dormido en el sofá) y solo te acompaña la tele con la reposición de alguna peli (sí, a veces he mandado tan tarde las felicitaciones de Navidad, pero el primer paso es reconocerlo, ¿no?)
-es madrugada y no sabes cómo se ha hecho tan tarde pero sigues jugando a la consola con tu pareja (en invierno, en verano no vale)
-estás de vacaciones y solo oyes el sonido del viento entre las hojas de los árboles (solo vale en verano o primavera)
-te quedas con tu pareja viendo subir y bajar la marea con olas, en silencio (preferiblemente en el Cantábrico o Atlántico)
-madrugas para hacer una excursión bonita
-te tumbas en el suelo, al aire libre, con todo el tiempo por delante para perderlo, y ves cómo se van moviendo las nubes (también solo vale en verano)
-te toca el sol de finales de invierno al aire libre
-terminas una excursión y llegas a un punto civilizado a tomarte algo y comentar el día con los compañer@s de la excursión
-en una excursión todo el mundo empieza a decir las ocurrencias más divertidas
-el repiqueteo de la lluvia en el chubasquero cuando caminas por el campo y en realidad te da igual que te mojes
-llegas tarde a casa después de salir y surge una conversación de lo más interesante alrededor a la mesa de la cocina y acabas animándote a preparar algo ligero y seguir charlando
-piensas en las personas que has conocido a través de tus/sus blogs y que ya forman parte de tu mundo

No sé si queréis hacer vuestra propia lista de Momentos Felices y encima publicarla. Yo, a la vista de los resultados debo de ser muy feliz porque la mía es una lista enorme, más larga de lo que pensaba que iba a salir.

21.7.10

Ayuda desinteresada

Cuando se te cae el cuenco de pienso del gato y se esparce por el suelo siempre es agradable ver que acude alguien rápidamente a echarte una mano:


...Bueno, mejor dicho a echarle morro e ir zampándose las croquetas.

20.7.10

Bruno ya no es un sin papeles

[Foto de www.directoalpaladar.com]
Mi gato Bruno es un machito de ojos azules al que no se le ha podido castrar (uf!) por cuestiones de salud. Mi gato y yo convivimos desde hace unos 5 añitos. Formó parte de nuestras vidas un año más tarde que Doña Croqueta y desde entonces nos han pasado muchas cosas juntos a los tres. Cuando Pelotillo llegó a mi vida -y a la de los gatos- no sabíamos cuánto iban a mejorar las de todos. La mía por descontado aunque yo lo suponía, pero El Señorito -o Bruno-, inocente y rebelde, ni lo imaginaba.

Como buen machito que es al principio le hacía pases de pelotillas a Pelotillo: cada vez que Pelotillo se arrimaba un poquito a mi allí aparecía Bruno, por detrás o paseándose sobre nuestras piernas, mostrándole orgulloso sus atributos felino-masculinos como dos madroños, marcando el territorio. Esto era lógico pues llevábamos los tres -los gatos y yo- un tiempo en agradable armonía y Bruno había asumido el papel que la naturaleza le decía que debía asumir.

A Doña Croqueta le pude poner el microchip al poquito de hacerle los chequeos pero Bruno no tuvo la misma suerte porque por entonces era un gato que no aguantaba ni cinco minutos cogido en brazos.

Recuerdo la primera sesión de análisis de sangre y vacunación. Fue cuando su veterinario me dijo que no se le podía poner el microchip porque había que sedarlo y como eso era incompatible con su enfermedad así se quedó.
Es cierto que Bruno, por el desarrollo de su enfermedad y por su carácter más nervioso vivía con más excitación los acontecimientos.
Pero claro, si ya ha protestado porque te llevan a un sitio que huele a canes, a animales varios y a desinfectante, hay otros especímenes nerviosos esperando como tú, y después un tío con bata blanca te pincha varias veces y vuelve a insistir, pues solo te queda ponerte de mala leche y plantarle cara al tipo ése que encima te ha encerrado en una jaula flexible para que no le digas cuatro cosas bien dichas. Bruno se enfadó tanto que se le soltó el collar y el cascabel salió volando por los aires.

A pesar de todo el carácter que a veces saca Bruno en la consulta siempre ha distinguido contra quién iba dirigido su cabreo y nunca se ha revuelto contra  Pelotillo o yo; tenía muy claro que el veterinario era el objetivo, jiji.

Desde el momento en que Pelotillo se trasladó a nuestra casa la vida para Bruno ha sido una constante sesión de mimos, caricias, besos, achuchones y cachetitos varios y poco a poco nuestro gato se ha rendido a la evidencia y ha visto que por mucho pase de pelotillas que haga él es el segundo al mando en el mundo feromonil.
Han pasado cuatro años y con un buen código de machitos consolidado entre Bruno y Pelotillo, hace pocos días éste se animó a ponerle el chip.

Yo estaba un poco preocupada porque Bruno tiene más paciencia que antes pero no tanta. Sin embargo todo fue estupendamente y no solo le pusieron el chip sino que le cayeron dos vacunas a continuación y allí no saltó ni un bigote ni se vio brillar un uña fuera de su zarpa.

Ahora Bruno luce mucho más imponente aunque a mi me recuerda un poco a Chuck Norris con su chapa del ejército en una peli bélica.

¡Uy, ésta no era la foto!




Bruno Norris